La focaccia es uno de los panes más emblemáticos de la gastronomía italiana. Con una corteza ligeramente crujiente, un interior muy esponjoso y el inconfundible aroma del aceite de oliva y el romero, es una receta sencilla que lleva siglos formando parte de la cocina del norte de Italia.
Puede servirse como aperitivo, acompañamiento, bocadillo o incluso como base para numerosas recetas. Recién salida del horno es difícil encontrar un pan más delicioso.

El origen de la focaccia
La focaccia tiene su origen en la antigua Roma, aunque la versión más famosa procede de la región de Liguria, especialmente de la ciudad de Génova. Su nombre deriva del término latino focus, que hacía referencia al hogar o al fuego donde antiguamente se cocía el pan.
Hoy existen numerosas variantes en toda Italia, pero la focaccia genovesa sigue siendo la más conocida.
Ingredientes (1 focaccia grande)
- 500 g de harina de fuerza
- 350 ml de agua templada
- 10 g de sal
- 7 g de levadura seca de panadería (o 20 g de levadura fresca)
- 50 ml de aceite de oliva virgen extra
- Romero fresco
- Sal gruesa o sal en escamas
Preparación
1. Activa la levadura
Si utilizas levadura fresca, disuélvela en el agua templada. Si utilizas levadura seca puedes mezclarla directamente con la harina o hidratarla previamente siguiendo las indicaciones del fabricante.
2. Mezcla los ingredientes
En un bol grande mezcla:
- La harina.
- El agua.
- La levadura.
Cuando la masa empiece a unirse incorpora la sal y la mitad del aceite de oliva.
3. Amasa
Trabaja la masa durante unos diez o quince minutos.
Debe quedar:
- Muy elástica.
- Suave.
- Ligeramente pegajosa.
No añadas demasiada harina. La focaccia necesita una masa bastante hidratada.
4. Primera fermentación
Forma una bola y colócala en un recipiente ligeramente aceitado. Cúbrela con un paño o film transparente.
Déjala reposar aproximadamente una hora y media, hasta que haya doblado su volumen.
5. Extiende la masa
Engrasa generosamente una bandeja de horno con aceite de oliva. Coloca la masa.
Extiéndela suavemente con las manos sin desgasificarla demasiado.
Debe tener un grosor aproximado de dos centímetros.
6. Segunda fermentación
Deja reposar nuevamente unos treinta o cuarenta minutos. La masa volverá a crecer.
7. Haz los característicos agujeros
Con las yemas de los dedos presiona toda la superficie formando pequeñas hendiduras. Es uno de los rasgos más característicos de la focaccia.
8. Añade el aceite y los condimentos
Reparte por encima:
- El resto del aceite de oliva.
- Romero fresco.
- Sal gruesa.
El aceite penetrará en los pequeños huecos durante el horneado.
9. Hornea
Precalienta el horno a 220 °C. Hornea durante unos 20 o 25 minutos.
La superficie debe quedar dorada y ligeramente crujiente.
Consejos para una focaccia perfecta
- Utiliza un buen aceite de oliva virgen extra.
- No escatimes en el aceite.
- Respeta los tiempos de fermentación.
- No añadas demasiada harina.
- Hornea con el horno bien precalentado.
La hidratación de la masa es uno de los secretos de su textura.
Variantes tradicionales
Aunque la focaccia clásica solo lleva romero y aceite, existen muchas variantes italianas:
- Tomates cherry.
- Aceitunas negras.
- Cebolla.
- Queso.
- Orégano.
- Patatas en láminas.
- Salvia.
Cada región italiana tiene sus propias especialidades.
¿Con qué acompañarla?
La focaccia combina perfectamente con:
- Embutidos italianos.
- Mozzarella fresca.
- Burrata.
- Jamón de Parma.
- Mortadela.
- Ensaladas.
- Sopas.
- Tabla de quesos.
También resulta excelente simplemente con un buen aceite de oliva.
Errores habituales
Estos son algunos de los fallos más frecuentes:
- Añadir demasiada harina.
- No dejar fermentar suficientemente.
- Utilizar poco aceite.
- No hacer las hendiduras con los dedos.
- Hornear a baja temperatura.
La focaccia debe quedar ligera, aireada y muy aromática.
Conservación
Puede conservarse uno o dos días bien tapada. Antes de servirla nuevamente, basta con calentarla unos minutos en el horno para recuperar gran parte de su textura original.
También admite muy bien la congelación.
La focaccia tradicional italiana es mucho más que un simple pan. Su interior esponjoso, su corteza dorada y el intenso aroma del aceite de oliva y el romero la convierten en una de las recetas más queridas de la gastronomía italiana.
Es perfecta para compartir en familia, preparar bocadillos espectaculares o acompañar cualquier comida con el auténtico sabor de Liguria.
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