Cómo observar aves sin molestarlas

Observar aves consiste en acercarnos a su mundo sin alterar lo que está ocurriendo. Podemos disfrutar de un pájaro cantando, alimentándose, construyendo un nido o cuidando de sus polluelos, pero nuestra presencia nunca debería obligarlo a cambiar su comportamiento.

La mayoría de las veces basta con aplicar unas normas muy sencillas: mantener cierta distancia, moverse con tranquilidad y aprender a reconocer cuándo un ave empieza a sentirse incómoda. Además de ser una cuestión de respeto por la naturaleza, observar aves sin molestarlas permite contemplar comportamientos mucho más interesantes. Un pájaro tranquilo seguirá haciendo exactamente lo que estaba haciendo antes de que llegáramos. Vamos a aprender cómo observar aves sin molestarlas.

Cómo observar aves sin molestarlas
Pollo de chorlitejo patinegro, en la playa

Mantén una distancia prudente

No existe una distancia concreta que sirva para todas las aves. Una paloma acostumbrada a vivir en una plaza puede permitirnos acercarnos bastante, mientras que un ave poco habituada a las personas puede levantar el vuelo cuando todavía estamos muy lejos. La mejor referencia es el propio comportamiento del animal. Si continúa alimentándose, descansando o moviéndose normalmente, probablemente nuestra presencia no le preocupa demasiado, si deja de hacer lo que estaba haciendo para vigilarnos, empieza a alejarse o muestra signos de alarma, debemos aumentar la distancia.

Deja que los prismáticos hagan el trabajo

Una de las grandes ventajas de utilizar prismáticos es precisamente que no necesitamos acercarnos tanto. Si un pájaro está a veinte o treinta metros, no hace falta intentar reducir esa distancia continuamente. Quédate donde estás y obsérvalo. Además, desde cierta distancia es mucho más probable que el animal continúe comportándose con normalidad.

Si quieres elegir unos prismáticos o un telescopio adecuados para observar fauna, puedes encontrar más información en nuestra sección de Óptica para la naturaleza.

Muévete despacio

Los movimientos bruscos llaman mucho la atención. Cuando detectes un ave interesante, evita correr hacia ella o levantar rápidamente los brazos para señalarla. Camina lentamente y realiza movimientos suaves, si vas acompañado, habla en voz baja. Muchas aves toleran bastante bien nuestra presencia cuando permanecemos tranquilos, pero reaccionan inmediatamente ante movimientos repentinos.

A veces lo mejor es quedarse quieto

No siempre tenemos que acercarnos, de hecho, una de las técnicas más sencillas para observar aves es detenerse. Busca un lugar tranquilo, espera unos minutos y mira alrededor.

Al principio quizá parezca que no ocurre nada, poco a poco empezarán a aparecer sonidos y movimientos. Un pequeño pájaro cruzará entre dos arbustos, otro bajará al suelo y alguno que permanecía escondido comenzará a cantar. Cuando dejamos de movernos constantemente, pasamos a formar parte del paisaje.

No bloquees su camino

Este detalle es especialmente importante cuando un ave está intentando acceder a un lugar concreto. Puede estar acercándose a:

  • Una zona de alimentación.
  • Un bebedero.
  • Su pareja.
  • Sus polluelos.
  • Un refugio.
  • Un nido.

Si observamos que el pájaro se acerca repetidamente pero no termina de entrar porque estamos allí, probablemente nos encontramos demasiado cerca, retrocede y deja libre el acceso.

Mucho cuidado con los nidos

La época de reproducción requiere especial precaución. Encontrar un nido puede ser emocionante, pero también es uno de los momentos en los que más fácilmente podemos causar molestias. No debemos acercarnos repetidamente para comprobar qué ocurre en su interior.

Tampoco conviene permanecer mucho tiempo junto al nido esperando a que aparezcan los adultos. Los padres pueden encontrarse cerca con alimento en el pico y no atreverse a acercarse mientras estemos presentes. Además, nuestros movimientos pueden llamar la atención de posibles depredadores.

Nunca manipules un nido

No debemos tocar huevos, polluelos ni modificar el entorno inmediato para conseguir una mejor visión o una fotografía, tampoco debemos mover ramas que protejan el nido. Que nosotros no podamos verlo perfectamente suele ser precisamente una buena noticia: significa que los adultos han escogido un lugar protegido.

La observación responsable consiste en adaptarnos nosotros al ave, no en adaptar el entorno para verla mejor.

Cuidado con las fotografías

La fotografía de aves puede disfrutarse perfectamente sin molestar a los animales. Un teleobjetivo permite trabajar desde bastante distancia, el problema aparece cuando conseguir una fotografía se convierte en una persecución. Si cada vez que avanzamos unos metros el ave vuelve a alejarse, debemos detenernos.

No conseguiremos una fotografía mejor acosándola, muchas veces ocurre exactamente lo contrario: esperando tranquilamente podemos conseguir que el ave se acerque por iniciativa propia.

No utilices reclamos constantemente

Reproducir el canto de una especie con el móvil puede provocar que un ave territorial interprete que ha aparecido un competidor. Puede acercarse, cantar repetidamente o abandonar lo que estaba haciendo para buscar al supuesto intruso, esto resulta especialmente problemático durante la época reproductora. Por ese motivo, la reproducción de cantos para atraer aves debería evitarse, especialmente cerca de zonas de nidificación y con especies sensibles.

Escuchar grabaciones para aprender cantos es estupendo. Utilizarlas continuamente para provocar una reacción en las aves es otra cosa.

No alimentes a las aves para conseguir una fotografía

Poner comida en un comedero correctamente gestionado es diferente de lanzar alimento junto a un ave para obligarla a acercarse. La alimentación de aves silvestres debe realizarse de manera responsable, teniendo en cuenta el tipo de alimento, la higiene y la ubicación.

Si quieres favorecer la presencia de aves cerca de casa, es mejor crear un entorno adecuado mediante agua, vegetación, refugios y comederos bien gestionados. En Naturaleza en el jardín y la terraza encontrarás nuestras guías sobre cajas nido, comederos, bebederos y otras formas de ayudar a la fauna.

Respeta las zonas protegidas

En espacios naturales podemos encontrar caminos cerrados temporalmente, zonas restringidas o áreas donde no está permitido abandonar los senderos, estas limitaciones existen por algún motivo. Puede haber aves nidificando, colonias especialmente sensibles u otros valores naturales que necesitan protección.

Encontrar un camino cerrado no significa que debamos buscar una manera alternativa de entrar.

Los perros también pueden causar molestias

Si observamos aves acompañados de un perro, debemos tener especial cuidado. Las aves que se alimentan o nidifican en el suelo pueden reaccionar ante un perro mucho antes que ante una persona.

En lugares sensibles conviene llevarlo atado y respetar siempre las normas del espacio. Durante la época reproductora esta precaución resulta todavía más importante.

Aprende a reconocer las señales de alarma

Las propias aves suelen indicarnos cuándo estamos demasiado cerca. Algunas señales pueden ser:

  • Dejar repentinamente de alimentarse.
  • Mirarnos continuamente.
  • Alejarse de forma progresiva.
  • Emitir repetidamente llamadas de alarma.
  • Volar de una rama a otra mientras permanecemos cerca.
  • Negarse a entrar en un nido.
  • Adoptar comportamientos claramente defensivos.

Si ocurre algo así, la solución es sencilla, retrocede.

Si el ave se aleja, no la persigas

Un error muy habitual consiste en caminar detrás de un pájaro cada vez que cambia de posición. Nos acercamos, vuela veinte metros, volvemos a acercarnos, vuelve a volar. Desde nuestra perspectiva estamos simplemente intentando observarla. Desde la del animal, lleva varios minutos intentando alejarse de nosotros.

Cuando un ave se marcha, debemos aceptar que la observación ha terminado. Habrá muchas más oportunidades. Siempre debemos tener el mismo objetivo: que el ave no vuele. Eso significará que no la estamos molestando.

Especial atención a las aves descansando

No todas las aves que permanecen quietas están esperando que nos acerquemos. Durante las migraciones, por ejemplo, algunas especies necesitan descansar y recuperar energía. También podemos encontrar aves descansando durante episodios de calor, frío o condiciones meteorológicas adversas.

Obligarlas a levantar el vuelo repetidamente supone un gasto energético innecesario.

Observar sin intervenir

Una de las cosas más difíciles cuando empezamos a interesarnos por las aves es aceptar que no siempre debemos intervenir. La naturaleza no funciona como nuestro jardín, un depredador cazando, dos aves disputándose un territorio o unos padres dejando de alimentar momentáneamente a un pollo forman parte de comportamientos naturales.

Antes de actuar debemos asegurarnos de que realmente existe un problema provocado por las personas o una situación que requiera ayuda.

La mejor observación es la que pasa desapercibida

Existe una forma muy sencilla de saber si estamos observando correctamente. Cuando nos marchamos, el ave debería continuar exactamente con su vida, seguir cantando, seguir buscando alimento, seguir descansando, seguir cuidando de sus crías. Cuanto menos importante resulte nuestra presencia para el pájaro, mejor habrá sido nuestra observación.

Porque observar aves no consiste en conseguir que ellas se acerquen a nosotros. Consiste en aprender a acercarnos nosotros a su mundo sin alterarlo.

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