Cómo crear una rutina facial sencilla sin usar diez productos

Cuidarse la piel no debería requerir veinte minutos frente al espejo, siete sérums diferentes y una estantería llena de botes que no sabemos muy bien para qué sirven.

En realidad, para la mayoría de las personas una buena rutina facial puede ser bastante sencilla. Lo importante no es utilizar muchos productos, sino elegir unos pocos que tengan sentido, utilizarlos de forma constante y adaptarlos a nuestro tipo de piel.

Si estás empezando o simplemente quieres simplificar lo que ya haces, esta es una forma fácil de montar una rutina facial sin complicaciones.

Cómo crear una rutina facial sencilla sin usar diez productos

Lo básico: limpiar, hidratar y proteger

Una rutina facial sencilla puede construirse alrededor de tres pasos:

  • Limpieza.
  • Hidratación.
  • Protección solar.

Después se pueden añadir productos específicos si realmente los necesitamos, pero estos tres pilares cubren buena parte de las necesidades básicas de la piel. No hace falta empezar con ácidos, retinol, vitamina C, tónicos, esencias y varios sérums al mismo tiempo.

De hecho, cuanto más sencilla sea la rutina al principio, más fácil será saber qué productos nos funcionan bien.

Paso 1: limpiar el rostro

La limpieza elimina suciedad, sudor, grasa, restos de maquillaje y productos acumulados sobre la piel. Por la noche suele ser especialmente importante, porque durante todo el día hemos estado expuestos a polvo, contaminación, protector solar y otros residuos. Lo ideal es utilizar un limpiador facial suave adecuado para nuestro tipo de piel.

Las pieles secas suelen agradecer limpiadores cremosos o poco espumosos, mientras que las pieles grasas pueden sentirse más cómodas con geles limpiadores ligeros. Eso no significa que una piel grasa necesite productos extremadamente agresivos.

Limpiar demasiado o utilizar productos que dejan la cara completamente tirante puede alterar la barrera natural de la piel y provocar irritación.

¿Hay que lavarse la cara por la mañana?

Depende de la piel. Muchas personas utilizan un limpiador suave mañana y noche. Otras, especialmente si tienen la piel seca o sensible, simplemente se aclaran el rostro con agua por la mañana y realizan una limpieza más completa por la noche.

No existe una única rutina perfecta para todo el mundo.

Paso 2: hidratar

Después de limpiar llega el momento de hidratar. La crema hidratante ayuda a mantener la piel confortable y favorece el mantenimiento de su barrera protectora. Y sí: las pieles grasas también necesitan hidratación. La diferencia está normalmente en la textura.

Para una piel seca puede resultar agradable una crema algo más rica, mientras que una piel grasa posiblemente prefiera una textura ligera tipo gel o loción. Las pieles mixtas se encuentran a medio camino y pueden necesitar simplemente una hidratante ligera que funcione bien en todo el rostro. Lo importante es cómo queda nuestra piel después de aplicarla.

Si la sentimos tirante pocas horas después, quizá necesitemos algo más hidratante. Si queda excesivamente grasa o pesada, podemos probar una textura más ligera.

Paso 3: protector solar durante el día

Este es posiblemente el producto más importante de la rutina de mañana. La radiación solar participa en el envejecimiento prematuro de la piel y puede favorecer manchas y otros daños cutáneos. Por eso merece la pena utilizar protección solar especialmente cuando vayamos a estar expuestos al exterior.

Actualmente existen protectores faciales muy diferentes a las cremas solares densas que muchos recordamos de hace años. Los encontramos en formatos:

  • Crema.
  • Fluido.
  • Gel.
  • Stick.
  • Con color.
  • Sin color.
  • Con acabado mate.
  • Para piel seca.
  • Para piel grasa.

Encontrar uno que resulte cómodo es importante porque aumenta muchísimo las probabilidades de utilizarlo de forma habitual.

Entonces, ¿cómo sería una rutina facial mínima?

Puede ser tan sencilla como esto.

Por la mañana

Limpiar suavemente el rostro. Aplicar crema hidratante si la necesitamos. Terminar con protector solar.

Por la noche

Limpiar bien la piel. Aplicar crema hidratante. Y listo. Sí, realmente puede ser así de sencillo.

¿Y los sérums?

Aquí es donde normalmente empieza a crecer la colección de productos. Los sérums permiten incorporar determinados ingredientes de manera más específica, pero no son imprescindibles para tener una rutina facial básica.

Si quieres utilizar uno, una buena idea es añadirlo únicamente después de haber establecido durante unas semanas una rutina sencilla. Así resulta mucho más fácil comprobar cómo responde nuestra piel. En lugar de comprar cuatro sérums diferentes, podemos escoger uno destinado al aspecto que más nos interese.

Por ejemplo:

  • Hidratación.
  • Luminosidad.
  • Manchas.
  • Apariencia de líneas de expresión.
  • Exceso de grasa.

No necesitamos tratarlo todo simultáneamente.

¿Hace falta utilizar tónico?

No necesariamente. Durante muchos años el tónico parecía un paso obligatorio entre el limpiador y la hidratante. Actualmente existen tónicos hidratantes, calmantes, exfoliantes y de muchos otros tipos, pero para una rutina sencilla se pueden considerar completamente opcionales.

Si tienes uno que te gusta y notas que tu piel se encuentra cómoda con él, puedes utilizarlo. Pero si estás empezando desde cero, no necesitas comprarlo simplemente porque aparezca en todas las fotografías de rutinas de belleza.

¿Y el contorno de ojos?

También es opcional, la piel alrededor de los ojos es delicada y existen productos específicamente formulados para esta zona. Sin embargo, muchas personas pueden utilizar su hidratante habitual alrededor del área ocular siempre que el producto sea adecuado y no provoque irritación.

Un contorno de ojos puede tener sentido cuando queremos tratar específicamente hidratación, textura o aspecto de esa zona, pero tampoco es imprescindible dentro de una rutina básica.

El error de empezar con demasiados productos

Imaginemos que compramos de golpe:

Limpiador, tónico, vitamina C, ácido hialurónico, niacinamida, retinol, exfoliante y crema hidratante. A los pocos días aparece irritación.

¿Quién es el culpable? No tenemos ni idea. Cuando introducimos muchos productos simultáneamente resulta difícil saber cuál nos funciona y cuál nos está causando problemas.

Por eso es mucho mejor construir la rutina poco a poco. Primero limpieza, hidratación y protección solar. Después, si queremos mejorar algún aspecto concreto, añadimos un producto cada vez.

No hace falta cambiar constantemente de productos

Las redes sociales pueden hacernos creer que cada semana aparece un ingrediente revolucionario que necesitamos incorporar inmediatamente. No funciona así.

La piel suele agradecer bastante más la constancia que la acumulación compulsiva de productos. Si tienes una crema hidratante sencilla que te funciona, no existe ninguna obligación de cambiarla porque aparezca otra que está de moda. Lo mismo ocurre con el limpiador o el protector solar. Encontrar productos que nos resulten cómodos puede ahorrarnos dinero, espacio y bastantes experimentos innecesarios.

Cómo elegir productos sin complicarse

Cuando vayas a comprar los básicos, piensa primero en tu tipo de piel y en cómo se comporta normalmente.

Piel seca

Busca limpiadores suaves y cremas hidratantes más confortables.

Piel grasa

Puedes optar por limpiadores ligeros e hidratantes con texturas fluidas o tipo gel.

Piel mixta

Los productos equilibrados y ligeros suelen ser un buen punto de partida.

Piel sensible

Cuanto más sencilla sea la fórmula y menos productos introduzcamos simultáneamente, mejor podremos comprobar qué tolera nuestra piel. Si existe dermatitis, acné importante, rosácea, irritación persistente u otro problema cutáneo, conviene consultar con un profesional sanitario antes de experimentar con múltiples productos activos.

Productos que pueden resultar útiles

Para montar una rutina facial sencilla no necesitas comprar un arsenal. Las categorías básicas que pueden tener sentido son:

  • Limpiador facial suave.
  • Crema hidratante.
  • Protector solar facial.
  • Agua micelar o producto desmaquillante si utilizas maquillaje.
  • Un sérum específico, solamente si quieres tratar alguna necesidad concreta.

Y poco más. Antes de comprar packs enormes de cosmética, suele ser mejor empezar con tres buenos productos que realmente vayamos a utilizar.

La rutina que funciona es la que puedes mantener

Una rutina de belleza de doce pasos puede quedar estupenda en un vídeo, pero si después nos da pereza hacerla, no sirve demasiado. Una buena rutina facial debería poder convertirse en algo tan automático como lavarse los dientes.

Limpiar, hidratar y proteger. A partir de ahí podemos añadir algún producto cuando exista una razón concreta para hacerlo.

La clave no está en llenar el baño de cosméticos, sino en encontrar una rutina sencilla que nuestra piel tolere bien y que podamos mantener durante meses sin sentir que cuidar la cara se ha convertido en otro trabajo.

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