Cada año, millones de aves realizan viajes extraordinarios entre sus zonas de reproducción y los lugares donde pasan el resto del año. Algunas recorren unos pocos cientos de kilómetros. Otras atraviesan continentes, mares y desiertos para llegar a su destino. Pero ¿por qué migran las aves?
La respuesta más sencilla sería decir que lo hacen para escapar del frío, pero la realidad es bastante más interesante. La migración está relacionada principalmente con la disponibilidad de alimento, las condiciones ambientales y la necesidad de encontrar buenos lugares para reproducirse. Para muchas especies, viajar miles de kilómetros resulta más rentable que intentar sobrevivir todo el año en el mismo lugar.

La migración no consiste simplemente en escapar del frío
Tendemos a pensar que las aves migran porque llega el invierno y tienen frío, sin embargo, muchas aves soportan temperaturas sorprendentemente bajas. El verdadero problema suele ser encontrar suficiente alimento.
Cuando llega el invierno disminuye enormemente la cantidad de insectos, desaparecen muchos frutos y semillas y algunos terrenos quedan cubiertos por nieve o hielo. Una especie que depende de insectos voladores puede tener serias dificultades para alimentarse durante varios meses. La solución es aparentemente sencilla, aunque implique un viaje enorme: desplazarse hasta una región donde continúe habiendo comida.
Entonces, ¿por qué vuelven?
Si en las zonas cálidas encuentran alimento durante el invierno, podríamos preguntarnos por qué regresan cada primavera, porque las regiones situadas más al norte ofrecen enormes oportunidades durante la época de reproducción. Los días se alargan, aparecen grandes cantidades de insectos y existe abundancia de alimento para criar a los polluelos.
Además, muchas zonas presentan durante unos meses condiciones extraordinariamente productivas. Las aves aprovechan esa explosión estacional de recursos para reproducirse y posteriormente vuelven a desplazarse cuando las condiciones empeoran.
Migrar permite aprovechar lo mejor de dos mundos
Podemos entender la migración como una estrategia. En lugar de permanecer todo el año soportando las peores condiciones de un único territorio, muchas especies se desplazan siguiendo los recursos disponibles.
Pasan la época reproductora donde existen buenas condiciones para criar, y cuando estas desaparecen, viajan hacia zonas donde pueden encontrar alimento durante el invierno. Naturalmente, esta estrategia tiene un precio, migrar consume enormes cantidades de energía y supone enfrentarse a numerosos peligros.
No todas las aves migran
Muchas especies permanecen todo el año aproximadamente en la misma región. Son las llamadas aves residentes o sedentarias. Si pueden encontrar suficiente alimento y refugio durante todas las estaciones, no existe necesidad de realizar largos desplazamientos.
Por eso podemos encontrar durante todo el año algunas especies habituales en nuestros parques, bosques y jardines, otras son claramente migratorias, y entre ambos extremos encontramos multitud de estrategias intermedias.
Algunas especies son migradoras parciales
Aquí las cosas empiezan a complicarse, en algunas especies, una parte de la población migra mientras otra permanece en el mismo territorio. Incluso puede ocurrir que una especie que nosotros vemos durante todo el año no esté formada siempre por los mismos individuos.
Los ejemplares que criaron en nuestra zona pueden desplazarse hacia el sur y ser sustituidos durante el invierno por individuos procedentes de regiones situadas más al norte. Desde nuestro punto de vista, el pájaro continúa estando allí, pero sus protagonistas han cambiado.
¿Cómo saben cuándo tienen que marcharse?
Las aves responden a diferentes señales, una de las más importantes es la duración del día. Los cambios en las horas de luz permiten anticipar la llegada de las estaciones mucho antes de que las condiciones se vuelvan realmente difíciles.
También influyen la temperatura, la disponibilidad de alimento y las condiciones meteorológicas. Antes de iniciar la migración, muchas especies experimentan cambios de comportamiento y fisiológicos que las preparan para el viaje.
Antes de viajar necesitan combustible
Migrar cuesta muchísima energía, por eso muchas aves pasan por periodos de alimentación intensa antes de comenzar el viaje. Acumulan reservas de grasa que utilizarán como combustible.
Durante las migraciones también necesitan encontrar lugares donde descansar y recuperar energía. Estas zonas de parada son fundamentales. Un pequeño humedal, un bosque costero o una zona agrícola pueden parecer lugares poco espectaculares, pero para un ave migratoria pueden funcionar como auténticas estaciones de servicio.
Algunas migraciones son enormes
Hay aves capaces de recorrer miles de kilómetros cada año, algunas poblaciones conectan Europa con África subsahariana, otras realizan viajes todavía más impresionantes entre regiones próximas al Ártico y zonas situadas en el hemisferio sur. En muchos casos deben atravesar barreras naturales enormes.
El mar Mediterráneo, el desierto del Sáhara y grandes cordilleras representan desafíos extraordinarios para pequeñas aves que pueden pesar apenas unas decenas de gramos.
Cruzar el Sáhara siendo un pájaro pequeño
Resulta difícil imaginarlo. Un ave de 15-20 gramos, que cabe en nuestra mano, puede recorrer enormes distancias atravesando territorios donde encontrar alimento y agua resulta complicado. Para conseguirlo necesita llegar en buenas condiciones, acumular reservas y aprovechar las condiciones meteorológicas favorables.
No todas sobreviven al viaje. La migración es una estrategia eficaz a largo plazo, pero también es uno de los periodos más peligrosos de la vida de muchas aves.
¿Migran de día o de noche?
Depende de la especie. Muchas pequeñas aves realizan buena parte de sus migraciones durante la noche. Viajar de noche puede proporcionar temperaturas más frescas y determinadas condiciones atmosféricas favorables. Además, permite utilizar las horas diurnas para descansar y alimentarse.
Otras especies migran principalmente durante el día. Las grandes aves planeadoras, como muchas rapaces y cigüeñas, aprovechan las corrientes térmicas producidas por el calentamiento del suelo. Por eso suelen viajar cuando el sol ya ha generado buenas columnas de aire ascendente.
Por qué las grandes planeadoras evitan atravesar grandes masas de agua
Sobre el mar se generan menos corrientes térmicas aprovechables que sobre tierra firme. Por este motivo, muchas aves planeadoras concentran sus rutas en lugares donde pueden cruzar utilizando distancias relativamente cortas sobre el agua.
Esto provoca espectaculares concentraciones migratorias en determinados puntos geográfico, como por ejemplo el Estrecho de Gibraltar, donde cada año se realizan censos en primavera para contar todas las planeadoras que entran a Europa. Son auténticos cuellos de botella por los que pasan enormes cantidades de aves cada temporada.
¿Todas siguen la misma ruta?
No, cada especie tiene sus propias estrategias y, dentro de una misma especie, diferentes poblaciones pueden utilizar rutas distintas. Algunas siguen costas, valles o cadenas montañosas, otras realizan trayectos mucho más directos. También pueden modificar parcialmente sus recorridos dependiendo del viento, las condiciones meteorológicas o la disponibilidad de lugares donde detenerse.
¿Cómo encuentran el camino?
Esta es una de las partes más fascinantes de la migración. Las aves pueden utilizar diferentes sistemas de orientación. El Sol proporciona información durante el día, las estrellas pueden servir de referencia durante la noche. También existen evidencias de que determinadas aves pueden percibir información relacionada con el campo magnético terrestre.
A ello se añaden elementos del paisaje, olores y la experiencia adquirida en viajes anteriores. No existe un único GPS natural. Las aves combinan diferentes fuentes de información.
¿Las aves jóvenes saben migrar?
En algunas especies, los jóvenes realizan su primera migración sin que sus padres les enseñen físicamente toda la ruta. Parte de la información necesaria tiene un fuerte componente innato.
En otras especies, especialmente aquellas que realizan desplazamientos en grupos familiares, la experiencia de los adultos puede tener mayor importancia. En cualquier caso, la primera migración es uno de los grandes desafíos de la vida de un ave joven.
La meteorología puede cambiarlo todo
El viento tiene una enorme influencia. Un viento favorable puede permitir avanzar grandes distancias gastando relativamente poca energía, uno contrario puede obligar a detenerse. Las tormentas también pueden desviar a las aves de sus rutas habituales.
Después de determinados episodios meteorológicos pueden aparecer especies en lugares donde normalmente resultan muy poco frecuentes. Para los observadores de aves, estos fenómenos pueden producir jornadas especialmente interesantes.
La migración también está cambiando
Los cambios ambientales pueden modificar las estrategias migratorias. Si los inviernos son más suaves o determinadas fuentes de alimento permanecen disponibles durante más tiempo, algunas poblaciones pueden reducir sus desplazamientos o cambiar las fechas.
Pero existe un problema adicional, las aves necesitan sincronizar su reproducción con momentos de gran disponibilidad de alimento. Si las condiciones ambientales cambian a ritmos diferentes, pueden producirse desajustes entre la llegada de las aves, la aparición de insectos y el momento en que necesitan alimentar a sus polluelos.
Las ciudades también pueden influir
Las zonas urbanas proporcionan temperaturas algo más elevadas, alimento y espacios verdes. Esto puede favorecer que algunos individuos permanezcan durante el invierno en lugares donde anteriormente era más habitual desplazarse.
Los comederos también pueden proporcionar recursos adicionales a determinadas especies, aunque la migración es un fenómeno demasiado complejo como para depender únicamente de la existencia de alimento proporcionado por las personas.
Un viaje lleno de peligros
Las aves migratorias no solamente deben enfrentarse al agotamiento y a la meteorología. Durante sus viajes encuentran numerosos obstáculos:
- Pérdida de lugares de descanso.
- Desaparición de humedales.
- Colisiones contra edificios y cristales.
- Tendidos eléctricos.
- Contaminación lumínica.
- Caza ilegal.
- Cambios en la disponibilidad de alimento.
- Fenómenos meteorológicos extremos.
Por eso proteger una especie migratoria no consiste únicamente en conservar el lugar donde cría. También hay que conservar su ruta y las zonas donde pasa el invierno.
Un pájaro migratorio conecta territorios muy lejanos
Esta es probablemente una de las ideas más bonitas de la migración. El pequeño pájaro que vemos una mañana de primavera en nuestro parque puede haber estado semanas antes a miles de kilómetros. El mismo animal depende de diferentes países, ecosistemas y paisajes a lo largo del año.
Un bosque europeo, un humedal mediterráneo y una zona africana pueden formar parte de la vida de una única ave. Por eso las migraciones nos recuerdan algo importante: para los pájaros no existen nuestras fronteras.
Cada primavera y cada otoño, millones de ellos vuelven a demostrarlo atravesando continentes siguiendo rutas que sus antepasados llevan recorriendo generación tras generación.

