Pelar ajos no es precisamente la tarea más complicada de la cocina, pero sí una de esas pequeñas molestias que repetimos continuamente. La piel se pega a los dedos, algunos dientes cuestan más de pelar que otros y, cuando terminas, las manos pueden conservar olor durante bastante rato.
Para solucionar algo tan sencillo existen los peladores de ajos de silicona: pequeños tubos flexibles que permiten retirar la piel de varios dientes en pocos segundos.

¿Qué es un pelador de ajos de silicona?
Es básicamente un pequeño cilindro fabricado con silicona flexible. No tiene cuchillas, motores ni mecanismos. Introduces uno o varios dientes de ajo dentro, haces rodar el tubo sobre la encimera presionando ligeramente con la palma de la mano y la fricción hace que la piel se desprenda.
Cuando sacas los ajos, normalmente aparecen ya pelados o con la piel prácticamente separada.
¿Cómo se utiliza?
El funcionamiento no puede ser mucho más sencillo. Separa los dientes de ajo de la cabeza, introduce uno o varios dentro del tubo. Colócalo sobre una superficie plana. Hazlo rodar hacia delante y hacia atrás presionando suavemente.
Después de unos segundos, saca los ajos y retira las pieles que hayan quedado sueltas. No hace falta presionar demasiado, de hecho, si hacemos demasiada fuerza podemos acabar aplastando parcialmente el ajo.
¿Realmente funciona?
Sí, aunque depende bastante del ajo. Con dientes secos y con la piel bien formada suele funcionar especialmente bien. Cuando los ajos están muy frescos y la piel se encuentra más pegada, puede ser necesario hacer varias pasadas.
Tampoco esperes que todos los dientes salgan siempre perfectamente limpios en tres segundos, pero para cocinar habitualmente puede ahorrar bastante tiempo y, sobre todo, evita estar quitando pequeñas pieles con las uñas.
Una ventaja inesperada: menos olor en las manos
Una de las cosas más agradables de utilizar este tipo de peladores es que apenas necesitamos tocar el ajo mientras retiramos la piel. Eso reduce bastante el contacto con los compuestos responsables de su olor característico.
No significa que nunca vayas a tocarlo, porque después tendrás que cortarlo o triturarlo, pero la fase de pelado resulta bastante más limpia. Además, las pieles quedan normalmente dentro del tubo o agrupadas sobre la encimera.
Ocupa prácticamente cero espacio
Este es uno de esos gadgets que difícilmente pueden convertirse en otro trasto enorme dentro de la cocina. El tubo suele medir aproximadamente unos pocos centímetros y puede guardarse fácilmente dentro de cualquier cajón.
No necesita electricidad, no necesita piezas de recambio y tampoco hay cuchillas que puedan romperse.
¿Cómo se limpia?
Normalmente basta con aclararlo bajo el grifo. Al estar fabricado en silicona flexible, puedes darle la vuelta para retirar cualquier pequeño resto de piel que haya quedado dentro. Muchos modelos también pueden lavarse en el lavavajillas, aunque conviene comprobar siempre las indicaciones del fabricante.
Después simplemente hay que dejarlo secar antes de guardarlo.
¿Para quién merece la pena?
Probablemente no necesitas un pelador de ajos si utilizas un diente cada dos meses, pero puede resultar bastante práctico si cocinas habitualmente platos con ajo. Por ejemplo:
- Sofritos.
- Salsas.
- Alioli.
- Guisos.
- Pasta.
- Verduras salteadas.
- Carnes y pescados.
También puede resultar cómodo para personas a las que les cuesta retirar la piel con los dedos o simplemente no les gusta quedarse con olor a ajo en las manos.
Qué mirar antes de comprar uno
No existe una enorme diferencia tecnológica entre modelos, pero sí conviene fijarse en algunos detalles.
Silicona alimentaria. Busca un modelo fabricado con silicona adecuada para contacto alimentario.
Flexibilidad. Debe ser suficientemente flexible para adaptarse a los dientes pero mantener la fricción necesaria para retirar la piel.
Tamaño. Un tubo algo más largo permite introducir varios dientes simultáneamente.
Facilidad de limpieza. Mejor si puede abrirse fácilmente, darse la vuelta o introducirse en el lavavajillas.
Textura interior. Algunos modelos incorporan una superficie ligeramente rugosa que aumenta la fricción y facilita el pelado.
¿Vale la pena?
Es uno de esos gadgets baratos que no van a cambiar tu forma de cocinar, pero que resuelven una pequeña molestia cotidiana bastante bien. No necesita aprendizaje, ocupa poquísimo espacio y puede durar años.
Si utilizas ajo habitualmente, seguramente acabarás dejándolo siempre en el mismo cajón porque es mucho más cómodo introducir los dientes, rodar unos segundos y olvidarse de ir retirando pieles una por una. Y precisamente ahí está la gracia de este tipo de gadgets: no hacen nada espectacular, simplemente consiguen que una tarea un poco pesada deje de serlo.
Artículos relacionados
- Volver a la sección Gadgets de cocina
- Prensador de ajos: ajo triturado en segundos y sin complicaciones
- Cortador de aguacates 3 en 1: abrir, quitar el hueso y cortar con un solo utensilio
- Pulverizador de aceite para cocinar: menos cantidad y mejor repartida
- Cortador de piña en espiral: pelar y cortar una piña en pocos segundos

