Cuando pensamos en protección solar, la mayoría de las personas imaginan la playa, la piscina o las vacaciones de verano. Sin embargo, la radiación solar afecta a nuestra piel durante todo el año, incluso en invierno o en días nublados.
Por este motivo, los dermatólogos insisten cada vez más en la importancia de mantener ciertos hábitos de protección más allá de los meses de calor.

La buena noticia es que no hace falta vivir pendiente del sol. Bastan algunas medidas sencillas para cuidar la piel a largo plazo.
El sol no desaparece en invierno
Aunque las temperaturas sean bajas, los rayos ultravioleta siguen llegando a nuestra piel.
De hecho, muchas personas se exponen al sol durante paseos, actividades deportivas o simplemente caminando por la calle sin darse cuenta.
Por eso la protección solar no debería limitarse únicamente al verano.
El rostro es la zona más expuesta
La cara recibe radiación solar prácticamente todos los días del año.
Además, es una de las zonas donde antes suelen aparecer manchas, arrugas y otros signos de envejecimiento cutáneo.
Utilizar una crema facial con protección solar puede convertirse en uno de los hábitos más beneficiosos para la piel.
Las manos también envejecen con el sol
Con frecuencia protegemos el rostro pero olvidamos las manos.
Sin embargo, son una de las partes del cuerpo más expuestas a la radiación solar durante décadas.
Las manchas que aparecen con la edad suelen ser especialmente frecuentes en esta zona.
No te fíes de los días nublados
Las nubes reducen parte de la radiación solar, pero no la eliminan completamente.
Por ello es posible sufrir daños solares incluso durante jornadas aparentemente grises o frescas.
La protección sigue siendo recomendable cuando vamos a pasar tiempo al aire libre.
Sombreros y gafas también ayudan
La protección solar no depende únicamente de las cremas.
Los sombreros de ala ancha, las gorras y las gafas de sol ayudan a reducir la exposición de algunas de las zonas más sensibles.
Además, aportan una protección constante mientras estamos en exteriores.
Hay que tener en cuenta, además, que los ojos son muy sensibles a la luz del sol, por lo que si llevamos gafas de sol estaremos evitando futuros problemas de visión.
La sombra sigue siendo una gran aliada
Buscar zonas de sombra durante las horas centrales del día continúa siendo una de las medidas más eficaces.
Ningún protector solar permite exponerse al sol de forma ilimitada.
La combinación de sombra, ropa adecuada y protección solar suele ofrecer los mejores resultados.
La protección solar es una inversión a largo plazo
Los efectos del sol son acumulativos.
Muchas de las manchas, arrugas o alteraciones cutáneas que aparecen con la edad son consecuencia de exposiciones ocurridas años o incluso décadas antes.
Por eso nunca es demasiado pronto —ni demasiado tarde— para empezar a protegerse mejor.

¿Qué factor de protección elegir?
La mayoría de dermatólogos recomiendan utilizar factores de protección elevados, especialmente en personas con piel clara o durante exposiciones prolongadas. Lo más importante es utilizar el producto correctamente y reaplicarlo cuando sea necesario.
Es muy recomendable pedir consejo al dermátologo, puesto que nos dirá según nuestro tipo de piel qué factor y, en ocasiones, qué marca es más recomendable.
