
Hoy estamos acostumbrados a que los libros se impriman por millones. Basta con pulsar un botón para que una máquina produzca miles de ejemplares idénticos en pocas horas.
Pero hubo un tiempo en que cada libro debía copiarse a mano, página por página, un proceso lento, costoso y reservado a unos pocos privilegiados.
Todo cambió a mediados del siglo XV con la invención de la imprenta de tipos móviles por parte de Johannes Gutenberg. Aquella revolución tecnológica transformó para siempre la forma de transmitir el conocimiento y dio origen a una categoría de libros muy especial: los incunables.
¿Qué significa la palabra incunable?
La palabra «incunable» procede del latín incunabula, que significa «cuna» o «primeros pasos». Se utiliza para designar los libros impresos desde la invención de la imprenta hasta el 31 de diciembre del año 1500.
En otras palabras, los incunables son los libros nacidos durante la infancia de la imprenta.
Aunque hoy puedan parecer muy antiguos, en su época representaban la tecnología más avanzada del momento.
¿Por qué son tan importantes?
Los incunables marcan la transición entre el mundo medieval y la Edad Moderna.
Antes de la imprenta, los libros eran copiados por escribas en monasterios y talleres especializados. Cada ejemplar requería semanas o incluso meses de trabajo.
La imprenta permitió producir múltiples copias de una misma obra en mucho menos tiempo y a un coste menor. Gracias a ello, el conocimiento comenzó a difundirse más rápidamente por toda Europa.
Muchos historiadores consideran que la imprenta fue una de las invenciones más influyentes de la historia, comparable a internet en nuestros días.

¿Cómo eran los incunables?
Curiosamente, muchos incunables todavía se parecían bastante a los manuscritos medievales.
Las primeras imprentas intentaban imitar el aspecto de los libros copiados a mano. Por eso utilizaban letras góticas, amplios márgenes y espacios reservados para que un artista añadiera posteriormente las iniciales decoradas.
Además, muchos no tenían portada. Los datos sobre el autor, el impresor o la fecha de publicación solían aparecer al final del libro, en una sección denominada colofón.
Cada ejemplar podía presentar pequeñas diferencias, ya que algunas decoraciones se añadían manualmente después de la impresión.
La Biblia de Gutenberg
El incunable más famoso del mundo es probablemente la Biblia de Gutenberg, impresa alrededor de 1455.
Fue uno de los primeros grandes libros producidos mediante tipos móviles y demostró que la nueva tecnología podía crear obras de gran calidad.
Actualmente, los ejemplares conservados de esta Biblia alcanzan valores millonarios y son considerados auténticos tesoros culturales.
¿Son muy raros?
Sí y no. Se calcula que entre 1450 y 1500 se imprimieron alrededor de 30.000 ediciones diferentes en Europa.
Sin embargo, muchos ejemplares se perdieron con el paso de los siglos debido a incendios, guerras, inundaciones o simplemente al desgaste del uso cotidiano. Por eso, los incunables conservados en buen estado son hoy piezas muy valiosas para bibliotecas, universidades y coleccionistas.
¿Dónde pueden verse?
La mayoría de los incunables se encuentran en grandes bibliotecas y archivos históricos.
Instituciones como la Biblioteca Nacional de España, el British Museum o la Biblioteca Vaticana conservan importantes colecciones que permiten estudiar los primeros años de la imprenta.
Algunos ejemplares han sido digitalizados y pueden consultarse gratuitamente a través de internet.
