Cómo organizar los zapatos para que no ocupen media casa

Los zapatos ocupan bastante más espacio del que parece. Un par no molesta demasiado, pero cuando sumamos zapatillas deportivas, botas, zapatos de vestir, sandalias, calzado de diario y varios miembros de la familia, es fácil terminar con pares repartidos entre recibidor, dormitorio, armarios y debajo de alguna silla.

El problema en organizar los zapatos no siempre es tener demasiados. Muchas veces simplemente no existe un sistema claro para guardarlos. Si cada par tiene un lugar y dejamos a mano solo lo que utilizamos realmente, el orden se vuelve mucho más sencillo.

Cómo organizar los zapatos

Empieza separando los zapatos por frecuencia de uso

No todos los pares necesitan estar igual de accesibles. Los zapatos que utilizas varias veces por semana deberían quedar en la zona más cómoda. En cambio, unas botas que solo usas en invierno o unos zapatos de vestir para ocasiones concretas pueden guardarse en espacios menos accesibles.

Esta clasificación evita dedicar el mejor espacio del armario a calzado que utilizamos tres veces al año.

No guardes todos los zapatos en el recibidor

El recibidor suele convertirse en el punto de acumulación principal porque es donde nos quitamos el calzado al entrar, pero no hace falta mantener allí toda la colección. Lo más práctico es dejar únicamente los pares de uso frecuente. El resto puede guardarse en el dormitorio, vestidor o armario correspondiente.

De esta manera, la entrada sigue funcionando como zona de paso y no como zapatería improvisada.

Los zapateros estrechos son perfectos para pasillos

Los muebles abatibles tienen una gran ventaja: almacenan varios pares ocupando muy poca profundidad. Por eso funcionan especialmente bien en entradas estrechas o pasillos donde un armario convencional sería demasiado voluminoso.

Antes de comprar uno, conviene revisar las medidas internas. Algunos modelos resultan estupendos para zapatillas y zapatos bajos, pero ofrecen menos espacio para botas, calzado ancho o tallas grandes.

Zapateros abiertos: cómodos para el día a día

Una pequeña estantería abierta junto a la puerta puede ser suficiente para los zapatos que utilizamos constantemente. Su principal ventaja es la comodidad. Llegamos, dejamos el calzado y no tenemos que abrir ninguna puerta, también facilita que el interior del zapato se ventile antes de guardarlo en un armario cerrado.

Eso sí, intentaría establecer un límite. Si el zapatero tiene espacio para seis pares, ese debería ser aproximadamente el máximo que permanezca allí.

Aprovecha la parte inferior de los armarios

La zona más baja de muchos armarios suele quedar desaprovechada o termina acumulando bolsas y objetos difíciles de identificar. Puede ser un lugar excelente para el calzado. Existen estantes específicos de uno o dos niveles que permiten duplicar la capacidad sin necesidad de instalar un mueble nuevo.

También podemos utilizar cajas apilables si queremos proteger mejor determinados pares.

Las cajas transparentes pueden resultar muy prácticas

Las cajas individuales permiten mantener el calzado protegido del polvo y aprovechar bastante bien la altura. Los modelos transparentes tienen una ventaja evidente: podemos ver rápidamente qué par hay dentro sin tener que abrir varias cajas. Funcionan especialmente bien para zapatillas deportivas o zapatos que queremos mantener en buen estado.

Sin embargo, no compraría decenas de cajas sin medir primero el espacio disponible. Si no encajan correctamente en el armario, podemos acabar creando otro problema de almacenamiento.

Cajas normales con etiquetas también funcionan

No es imprescindible utilizar cajas especiales, las cajas originales de los zapatos pueden reutilizarse perfectamente. Si no podemos ver el interior, basta con añadir una pequeña etiqueta indicando el contenido o incluso una fotografía.

De esta manera evitamos abrir cinco cajas hasta encontrar el par correcto.

Organizadores verticales para puertas

La parte interior de una puerta puede convertirse en una zona útil de almacenamiento. Existen organizadores con bolsillos o soportes específicos para zapatos.

Funcionan especialmente bien para:

  • Zapatillas ligeras.
  • Sandalias.
  • Calzado infantil.
  • Pantuflas.

No suelen ser la mejor opción para zapatos pesados o botas, pero pueden liberar bastante espacio en el suelo.

También hay organizadores colgantes para armarios

Estos sistemas se cuelgan de la barra del armario y crean varios compartimentos verticales. Son cómodos para guardar pares ligeros y permiten aprovechar altura que normalmente queda vacía.

El inconveniente es que ocupan parte del espacio destinado a ropa colgada, así que tienen más sentido cuando nos sobra barra pero nos falta superficie.

Qué hacer con las botas

Las botas altas son probablemente uno de los tipos de calzado más incómodos de guardar, si las doblamos, pueden deformarse. Una solución sencilla consiste en utilizar soportes interiores para mantener la caña recta. También podemos rellenarlas con papel limpio o materiales reutilizables que ayuden a conservar su forma.

Para guardarlas durante varios meses, conviene limpiarlas y dejarlas completamente secas antes de meterlas en cajas o fundas.

El espacio debajo de la cama puede ayudar

Si tenemos una cama con suficiente altura, las cajas bajas con ruedas pueden almacenar zapatos de temporada. Es un buen lugar para guardar sandalias durante el invierno o botas cuando llega el verano. Al quedar fuera de la vista, permiten liberar espacio en el armario principal.

Eso sí, las cajas cerradas deberían utilizarse con calzado limpio y seco para evitar malos olores.

No guardes zapatos húmedos

Este hábito es importante independientemente del sistema que utilicemos. Después de caminar bajo la lluvia o hacer deporte, conviene dejar que el calzado se seque antes de guardarlo en una caja o armario cerrado. La humedad puede favorecer malos olores y deteriorar materiales.

Si es posible, deja los zapatos unas horas en una zona ventilada antes de devolverlos a su sitio.

Organiza por persona si sois varios en casa

En una familia, mezclar todo el calzado en un único lugar puede complicar bastante las cosas. Asignar una balda, cesta o zona a cada persona facilita muchísimo mantener el orden, también ayuda a los niños a guardar sus propios zapatos si el espacio queda a su altura.

No hace falta etiquetar cada compartimento si el reparto está claro.

Ordenar por tipo puede funcionar en colecciones grandes

Si tienes muchos pares, puedes separar por categorías:

  • Deportivas.
  • Calzado diario.
  • Zapatos de vestir.
  • Sandalias.
  • Botas.
  • Calzado de temporada.

Esto permite encontrar rápidamente lo que buscas y también detectar si estamos acumulando demasiadas opciones dentro de una misma categoría.

Aprovecha el cambio de temporada

Dos veces al año puede ser un buen momento para hacer una pequeña rotación. Cuando llega el calor, guardamos botas y calzado pesado y dejamos a mano sandalias y zapatos ligeros. En otoño hacemos lo contrario.

Esta rotación evita tener todo disponible simultáneamente y libera bastante espacio.

Antes de guardar una temporada, limpia

Guardar calzado durante meses con barro, polvo o manchas no es una gran idea. Antes de meterlo en cajas, conviene:

  • Limpiarlo.
  • Dejarlo secar.
  • Revisar las suelas.
  • Comprobar si necesita reparación.

Así, cuando vuelva la temporada, estará listo para utilizar.

Cuidado con acumular “por si acaso”

Los zapatos también tienen una categoría peligrosa: los que nunca utilizamos pero conservamos porque algún día podrían servir. Si un par lleva años sin salir del armario, está incómodo o ya no encaja con nuestro estilo, quizá merece la pena plantearse si realmente necesitamos seguir guardándolo. Donar o reciclar correctamente aquello que todavía esté en buen estado puede liberar bastante espacio.

Organizar se vuelve mucho más fácil cuando no intentamos almacenar una cantidad infinita.

Qué productos pueden ayudarte

Existen soluciones para prácticamente cualquier espacio:

  • Zapateros abatibles estrechos.
  • Estanterías de varios niveles.
  • Cajas transparentes.
  • Cajas apilables.
  • Organizadores para puertas.
  • Organizadores colgantes.
  • Cajones bajo cama.
  • Soportes para botas.
  • Bancos zapateros.
  • Separadores ajustables.

No necesitamos utilizarlos todos. Conviene escoger el sistema según dónde esté realmente el problema.

Mide también la altura del calzado

Cuando compramos un zapatero solemos fijarnos en la anchura y profundidad, pero la altura interior también importa. Un espacio pensado para zapatos bajos puede no aceptar botines.

Si tenemos muchas botas o zapatillas voluminosas, necesitamos baldas regulables o compartimentos más altos. Medir algunos de nuestros pares más grandes antes de comprar puede evitar bastantes sorpresas.

El mejor sistema es el que permite guardar en pocos segundos

Si para devolver un par a su sitio tenemos que abrir una caja, mover otras tres y reorganizar una balda, probablemente terminaremos dejándolo fuera. Los zapatos de uso cotidiano necesitan una solución fácil. Los sistemas más complejos pueden reservarse para calzado de temporada o de uso ocasional.

La organización debería reducir trabajo, no añadirlo.

Menos pares visibles, más sensación de orden

No hace falta tener una casa minimalista para conseguirlo, simplemente mantener a la vista cuatro o cinco pares en lugar de quince cambia bastante la sensación del recibidor o dormitorio. El resto puede seguir estando perfectamente accesible dentro de un armario, cajas o almacenamiento bajo cama.

Organizar los zapatos no consiste en encontrar un mueble capaz de guardar todos los pares que podamos acumular, sino en distribuirlos según cuánto los usamos y el espacio disponible. Cuando el calzado cotidiano queda fácil de coger y el resto tiene un lugar claro, dejamos de encontrarnos zapatos por toda la casa casi sin necesidad de pensarlo.

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