Cosas de casa comenzó como una comedia familiar bastante convencional. Carl Winslow era policía, Harriette intentaba mantener cierto orden en casa y sus hijos tenían los problemas habituales de cualquier adolescente. Entonces llamaron a la puerta.
Apareció un vecino con enormes gafas, pantalones demasiado altos, tirantes y una voz imposible de olvidar. Steve Urkel debía ser simplemente un personaje invitado. Terminó apoderándose de la serie.

La familia Winslow
Family Matters se estrenó en 1989 y seguía inicialmente la vida cotidiana de los Winslow en Chicago. Carl y Harriette vivían con sus hijos Eddie, Laura y Judy, además de Estelle, la madre de Carl. Durante las primeras temporadas también tuvo bastante presencia Rachel, hermana de Harriette, junto a su hijo Richie.
La serie había nacido además como spin-off de Primos lejanos, donde Harriette Winslow, interpretada por Jo Marie Payton, trabajaba como ascensorista. El personaje gustó lo suficiente como para construir una nueva sitcom alrededor de su familia.
En sus primeros episodios, Cosas de casa hablaba principalmente de educación, adolescencia, trabajo, dinero y relaciones familiares. Hasta que llegó Urkel.
Carl Winslow: Reginald VelJohnson
Carl era el típico padre responsable y protector, aunque también bastante temperamental, especialmente cuando Steve aparecía por casa con algún nuevo invento. Reginald VelJohnson ya tenía experiencia interpretando policías: antes de Cosas de casa había sido el sargento Al Powell de Jungla de cristal.
Su relación con Steve terminó convirtiéndose en uno de los grandes motores de la serie. Al principio Carl apenas podía soportarlo, porque Urkel entraba sin avisar, rompía cosas y convertía cualquier tarde tranquila en una catástrofe.
Pero aquella relación fue evolucionando hasta convertirse prácticamente en la de un padre y un hijo. Carl podía gritarle. Podía intentar echarlo, podía jurar que nunca volvería a dejarlo entrar. Pero Steve ya era parte de la familia.
Harriette Winslow: Jo Marie Payton
Harriette era inteligente, directa y perfectamente capaz de enfrentarse a Carl cuando consideraba que estaba equivocado. Aunque Carl pudiera parecer el cabeza de familia tradicional, Harriette tenía tanta autoridad como él y su relación funcionaba precisamente porque ambos tenían personalidades fuertes.
Jo Marie Payton interpretó al personaje durante prácticamente toda la serie, aunque abandonó Cosas de casa durante la última temporada y fue sustituida por Judyann Elder en los episodios finales.
Después de tantos años viendo a Payton como Harriette, el cambio resultó inevitablemente extraño.
Eddie y Laura Winslow
Eddie, interpretado por Darius McCrary, era el hijo mayor y comenzó como el típico adolescente preocupado por coches, amigos y chicas. Sus constantes discusiones con Carl reflejaban el conflicto entre un joven que quería independencia y un padre empeñado en que aprendiera a ser responsable.
Laura, interpretada por Kellie Shanygne Williams, terminó adquiriendo todavía más importancia. Principalmente porque Steve estaba completamente enamorado de ella.
Durante años intentó conquistarla con flores, regalos, declaraciones e inventos cada vez más disparatados. Laura lo apreciaba como amigo, pero la idea de salir con él le parecía bastante menos atractiva. Al menos al principio.
Judy Winslow y el misterio de las escaleras
Judy era la hija pequeña de los Winslow y fue interpretada por Jaimee Foxworth durante las primeras temporadas. Hasta que desapareció. No murió, no se marchó a estudiar ni recibió ninguna despedida. Simplemente dejó de aparecer y la familia continuó adelante como si nunca hubiera existido. Con los años nació la broma de que Judy había subido las escaleras de la casa y jamás había vuelto a bajar.
Es uno de los ejemplos más famosos de un personaje eliminado de una serie sin explicación argumental.
Steve Urkel: el secundario que se quedó con la serie
Steve apareció avanzada la primera temporada y estaba pensado como un personaje puntual, pero el público reaccionó de una manera espectacular. Jaleel White había creado un personaje inmediatamente reconocible: gafas enormes, tirantes, pantalones altísimos, postura peculiar y aquella inolvidable voz nasal.
Los productores comenzaron a recuperarlo cada vez más hasta convertirlo en protagonista. Y con Steve cambió también la propia serie.
Cosas de casa dejó progresivamente de ser únicamente una sitcom sobre los Winslow para convertirse en una comedia familiar donde podía ocurrir prácticamente cualquier cosa.

“¿He sido yo?”
La mecánica era sencilla: Steve aparecía, tocaba algo, algo salía mal, Carl contemplaba horrorizado el desastre. Y Steve preguntaba: “Did I do that?” (En España, “¿He sido yo?”).
Sí. Casi siempre había sido él. La frase terminó convirtiéndose en una de las expresiones televisivas más reconocibles de los años 90.
Un genio científico escondido detrás de los tirantes
Steve era tremendamente torpe socialmente, pero también un genio capaz de construir tecnologías absolutamente imposibles. Robots, máquinas de transformación, dispositivos electrónicos y todo tipo de inventos comenzaron a aparecer regularmente.
La serie aceptó completamente aquella evolución. Los primeros episodios podían tratar sobre problemas escolares o familiares bastante realistas; unas temporadas después, Steve construía en casa máquinas capaces de modificar la personalidad de una persona.
El realismo había abandonado el edificio. Y probablemente nadie lo echaba demasiado de menos.
Stefan Urquelle
Uno de los inventos más famosos de Steve nació precisamente de su obsesión por Laura. Convencido de que ella nunca se enamoraría de él tal como era, creó un sistema capaz de transformarlo en Stefan Urquelle. Stefan era exactamente lo contrario de Steve: elegante, atractivo, seguro de sí mismo y tremendamente relajado. Y Laura quedó fascinada.
Lo más divertido era que ambos personajes estaban interpretados por Jaleel White. La voz, postura, movimientos y personalidad cambiaban completamente, demostrando que detrás de la caricatura de Urkel había un actor con bastante más recursos de lo que podía parecer.
White llegó incluso a interpretar otros personajes, entre ellos Myrtle Urkel, una prima de Steve completamente enamorada de Eddie. Porque aparentemente un Urkel no era suficiente.
Myra Monkhouse
Myra, interpretada por Michelle Thomas, parecía la solución perfecta al problema sentimental de Steve. Era inteligente, atractiva y estaba completamente enamorada de él. Solo existía un pequeño inconveniente: Steve continuaba enamorado de Laura.
Myra podía ser extremadamente celosa, especialmente cuando Laura estaba cerca, y su aparición convirtió la historia sentimental en uno de los grandes hilos de las últimas temporadas.
Mientras tanto, Laura fue descubriendo poco a poco que detrás de las gafas, la torpeza y los desastres había alguien tremendamente leal que siempre estaba dispuesto a ayudarla.
Waldo Geraldo Faldo
Entre los secundarios más queridos estaba Waldo, interpretado por Shawn Harrison. No era precisamente un genio y buena parte de sus bromas surgían de su peculiar manera de entender las situaciones, pero era amable y tenía muy buen corazón.
Además desarrolló un auténtico talento para la cocina y mantuvo una relación con Maxine, amiga de Laura. En una serie progresivamente dominada por inventos imposibles, Waldo conseguía resultar divertido simplemente siendo Waldo.
Carl y Steve: la relación que acabó definiendo la serie
Aunque durante años seguimos la obsesión de Steve por Laura, probablemente la relación más interesante de Cosas de casa fue la que desarrolló con Carl. Steve pasaba tanto tiempo en casa de los Winslow porque allí había encontrado algo que parecía faltarle en su propio hogar. Una familia.
Carl tardó mucho en aceptarlo y probablemente perdió unos cuantos años de esperanza de vida por el camino, pero acabó queriéndolo prácticamente como a otro hijo.
Las mejores escenas entre ambos podían empezar con Carl intentando estrangularlo metafóricamente y terminar con un momento sorprendentemente emotivo.
Esa evolución ayudó a que Urkel fuera algo más que un personaje diseñado para provocar risas.
Una comedia absurda que también sabía ponerse seria
A pesar de los robots, transformaciones y experimentos, Cosas de casa abordó ocasionalmente temas bastante más serios.
La serie habló de racismo, armas, violencia, alcohol, presión social, discriminación y conflictos familiares. Algunos episodios mostraron a Laura o Eddie enfrentándose directamente al racismo y permitieron que la comedia se detuviera temporalmente para tratar cuestiones reales.
Ese equilibrio entre humor familiar y temas sociales era bastante característico de las sitcoms estadounidenses de aquella época.
Nueve temporadas y 215 episodios
Family Matters permaneció ocho temporadas en ABC antes de trasladarse a CBS para una novena y última temporada, alcanzando 215 episodios entre 1989 y 1998. Para entonces la transformación era completa.
Aquella serie que había empezado siguiendo la vida cotidiana de una familia de Chicago terminó enviando a Steve Urkel al espacio. Literalmente.
La última historia convirtió a Steve prácticamente en un héroe nacional y cerró además la relación sentimental que había atravesado buena parte de la serie: Laura aceptaba finalmente casarse con él. El vecino pesado había ganado.
¿Ha envejecido bien Cosas de casa?
Naturalmente, la ropa, los decorados, los peinados y algunas bromas son completamente noventeros. Y la evolución hacia la ciencia ficción puede resultar todavía más absurda vista actualmente.
Pero la química entre los personajes continúa funcionando. Especialmente entre Carl y Steve. Sabemos perfectamente qué va a ocurrir cuando Urkel entra en casa anunciando que tiene una nueva idea.
Carl sospecha, Steve insiste, Carl intenta detenerlo. Demasiado tarde, algo explota y quizá ahí está el secreto de Cosas de casa. Steve Urkel debía aparecer una vez y marcharse.
En cambio, Jaleel White creó un personaje tan popular que cambió completamente la serie y terminó formando parte de los Winslow. Y nosotros acabamos aceptándolo igual que Carl. Aunque cada vez que entraba por la puerta sabíamos que algún mueble estaba a punto de sufrir las consecuencias. Y que después llegaría inevitablemente la pregunta: “¿He sido yo?”
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