Aquellos maravillosos años: crecer, enamorarse y descubrir que nada dura para siempre

Hay series que recordamos por sus aventuras, otras por sus personajes y algunas simplemente porque consiguen hacernos recordar nuestra propia vida. Aquellos maravillosos años pertenecía claramente a este último grupo.

Estrenada en 1988, la serie nos llevaba hasta finales de los años 60 para seguir la adolescencia de Kevin Arnold, un chico completamente normal que intentaba comprender a sus padres, sobrevivir al colegio, conservar a sus amigos y descubrir qué significaba estar enamorado de Winnie Cooper.

No había grandes misterios ni héroes salvando el mundo. Había cenas familiares, primeros besos, profesores, discusiones entre hermanos, partidos, amigos que cambiaban y padres que parecían imposibles de comprender.

Y precisamente por eso funcionaba tan bien.

Aquellos maravillosos años

La vida de Kevin Arnold

Kevin Arnold, interpretado por Fred Savage, tiene doce años cuando comienza la historia. Vive con sus padres, Jack y Norma, y sus hermanos mayores, Karen y Wayne, en un típico barrio residencial estadounidense.

Su mejor amigo es Paul Pfeiffer, inteligente, prudente y bastante más responsable que Kevin. Y muy cerca vive Winnie Cooper, la chica que terminará marcando buena parte de su adolescencia.

Pero la verdadera particularidad de la serie es que quien nos cuenta estas historias no es exactamente el Kevin que vemos en pantalla. Una voz adulta recuerda aquellos años desde el futuro y comprende situaciones que el niño todavía era incapaz de interpretar.

Esa diferencia entre lo que Kevin vivía y lo que años después entendía era una de las grandes claves de la serie.

La nostalgia como protagonista

Aquellos maravillosos años estaba ambientada entre 1968 y 1973, aproximadamente dos décadas antes de su emisión original. Para el público estadounidense de finales de los 80 era, por tanto, una mirada hacia su propia infancia y juventud.

La música, la ropa, los coches y los acontecimientos históricos ayudaban a reconstruir aquella época, pero la serie nunca se limitaba a utilizar la nostalgia como decoración. Kevin recordaba cómo se sentía al ser niño, y eso es bastante más universal.

Todos hemos tenido algún amigo que parecía destinado a acompañarnos siempre, algún profesor que años después hemos aprendido a valorar o alguna persona que entonces nos parecía el amor definitivo.

Kevin y Winnie

La relación entre Kevin y Winnie Cooper es uno de los grandes ejes de la serie. Winnie es su vecina y amiga de infancia, pero todo cambia cuando su hermano mayor, Brian, muere durante la guerra de Vietnam. En medio de aquel momento doloroso, Kevin y Winnie comparten su primer beso.

A partir de ahí empieza una relación que nunca resulta sencilla. Se acercan, se separan, aparecen otras parejas, sienten celos y atraviesan etapas en las que parecen destinados a terminar juntos y otras en las que resulta evidente que están creciendo en direcciones diferentes.

La serie consiguió evitar convertir a Winnie simplemente en “la novia del protagonista”. Ella también tenía sus propios problemas, decisiones e inseguridades.

Aquellos maravillosos años

Paul, el amigo que parecía para siempre

Paul Pfeiffer es el mejor amigo de Kevin y representa otra parte fundamental de la adolescencia: esas amistades que durante unos años parecen completamente inseparables.

Kevin y Paul pasan muchísimo tiempo juntos, pero también discuten, compiten y empiezan a interesarse por cosas diferentes. A medida que crecen, su relación cambia. No ocurre ninguna gran tragedia. Simplemente sucede algo mucho más habitual: la vida empieza a llevarlos por caminos distintos.

Aquellos maravillosos años entendía muy bien que crecer también significa descubrir que algunas personas importantes no permanecerán siempre exactamente en el mismo lugar.

La familia Arnold

La otra gran protagonista es la familia. Jack Arnold, el padre de Kevin, es serio, trabajador y bastante gruñón. Desde la perspectiva del niño resulta difícil de entender, pero el Kevin adulto sabe que detrás de aquella dureza había un hombre agotado, preocupado por mantener a su familia y no demasiado acostumbrado a expresar sus sentimientos. Norma es mucho más cercana, aunque poco a poco también empieza a buscar espacios propios fuera de su papel de madre y esposa.

Wayne, el hermano mayor, dedica buena parte de su energía a molestar a Kevin, mientras Karen representa la nueva generación de finales de los 60, con ideas que chocan constantemente con las de su padre.

Las discusiones de los Arnold no eran simplemente conflictos familiares. Muchas veces reflejaban una sociedad estadounidense que también estaba cambiando.

Los años 60 vistos desde una casa normal

La guerra de Vietnam, los movimientos sociales, los cambios culturales y las nuevas formas de entender la familia aparecían constantemente en la serie, pero casi siempre observados desde la vida cotidiana.

La muerte del hermano de Winnie acercaba Vietnam al barrio. Las ideas de Karen chocaban con la generación de Jack. Norma empezaba a cuestionarse el papel tradicional que se esperaba de ella. Kevin no entendía completamente aquellos cambios, era un niño.

Y precisamente por eso la serie conseguía mostrarlos desde una perspectiva diferente: la de alguien que estaba creciendo mientras el mundo también parecía hacerlo.

El instituto, los profesores y las pequeñas tragedias

Buena parte de Aquellos maravillosos años transcurría entre aulas, pasillos y patios escolares.

Kevin tenía profesores que le gustaban, otros que detestaba y algunos cuya importancia solo comprendía mucho después. Uno de los ejemplos más recordados es Mr. Collins, su profesor de matemáticas, que descubre potencial en Kevin y consigue establecer con él una relación especial.

Cuando Collins muere inesperadamente, Kevin descubre algo que todos terminamos aprendiendo tarde o temprano: algunas personas pueden pasar relativamente poco tiempo por nuestra vida y dejarnos una huella enorme.

La serie encontraba constantemente historias importantes dentro de situaciones aparentemente pequeñas.

La voz del Kevin adulto

La narración del Kevin adulto, interpretada en la versión original por Daniel Stern, era fundamental para conseguir ese tono. No se limitaba a explicar lo que estaba ocurriendo. Añadía perspectiva.

Kevin podía recordar una discusión con su padre y reconocer décadas después que entonces no había entendido nada. Podía recordar una tarde con Paul sabiendo que aquel momento aparentemente insignificante no volvería a repetirse.

La serie hablaba así de una sensación que todos conocemos: recordar algo cotidiano y descubrir muchos años después que era mucho más importante de lo que parecía mientras estaba ocurriendo.

Una banda sonora inseparable de la serie

La música ayudaba enormemente a construir aquella atmósfera. El tema de apertura utilizaba la versión de Joe Cocker de “With a Little Help from My Friends”, mientras los episodios recurrían constantemente a canciones asociadas a los años 60 y principios de los 70.

La música no estaba allí únicamente para recordar la época. Muchas veces acompañaba directamente las emociones de Kevin y convertía escenas muy sencillas en recuerdos mucho más potentes.

El final que no todos esperaban

Después de seis temporadas llega el momento de despedirse. Y Aquellos maravillosos años decidió hacerlo sin convertir el final en un cuento perfecto. Kevin y Winnie no terminan juntos.

Después de tantos años de acercamientos y separaciones, Winnie marcha a París y Kevin acaba construyendo una vida con otra mujer. Cuando ella regresa años después, siguen siendo personas importantísimas el uno para el otro, pero ya no son aquella pareja adolescente que parecía destinada a durar para siempre.

También descubrimos que Paul estudió Derecho en Harvard, que Norma siguió avanzando profesionalmente y que Jack murió pocos años después. La familia y los amigos que parecían permanentes habían cambiado. Como ocurre en la vida real.

Fred Savage y Danica McKellar

Fred Savage se convirtió gracias a Kevin Arnold en uno de los rostros infantiles más conocidos de la televisión estadounidense y posteriormente desarrolló también una importante carrera detrás de las cámaras.

Danica McKellar, por su parte, quedó inevitablemente asociada a Winnie Cooper, aunque su trayectoria posterior tuvo una curiosa segunda vertiente: estudió matemáticas y se dedicó también a la divulgación de esta disciplina.

Josh Saviano, Dan Lauria, Alley Mills, Olivia d’Abo y Jason Hervey completaron una familia televisiva que consiguió parecer sorprendentemente auténtica. No porque fuera perfecta. Precisamente porque no lo era.

Por qué Aquellos maravillosos años sigue funcionando

Vista hoy, la serie pertenece claramente a otra época, pero muchas de las cosas que explicaba continúan siendo reconocibles.

El primer amor, el amigo que parecía inseparable, las discusiones con los padres, el hermano que nos sacaba de quicio, el profesor que terminamos recordando, la primera vez que descubrimos que los adultos tampoco tenían todas las respuestas. Aquellos maravillosos años hablaba de los años 60, pero en realidad hablaba de algo mucho más sencillo: crecer.

Kevin creía que estaba viviendo días normales. El adulto que los recordaba sabía que muchos de ellos habían sido extraordinarios precisamente porque nunca volverían, quizá ahí está la razón por la que la serie sigue despertando tanta nostalgia. Porque todos tuvimos nuestros propios años maravillosos. El problema es que casi nunca supimos que lo eran mientras los estábamos viviendo.

Scroll al inicio