Septiembre, momento de observar aves en migración: el papamoscas cerrojillo

InicioDescubre la naturalezaEl mundo de las aves

Septiembre es uno de esos meses en los que merece la pena salir al campo con los prismáticos a observar aves en migración. El verano empieza a despedirse, las temperaturas se suavizan y, casi sin que nos demos cuenta, millones de aves están atravesando Europa camino de sus zonas de invernada. Algunas pasarán sobre nosotros sin detenerse, mientras que otras utilizarán nuestros bosques, parques, riberas e incluso jardines como lugares donde descansar y recuperar fuerzas antes de continuar su viaje hacia el sur.

Estamos en plena migración postnupcial, uno de los momentos más interesantes del calendario ornitológico. Y entre los pequeños viajeros que podemos encontrar durante estas semanas hay uno especialmente representativo: el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca).

papamoscas cerrojillo
Papamoscas cerrojillo

Un pequeño viajero camino de África

El papamoscas cerrojillo es un pequeño paseriforme migrador que se reproduce principalmente en diferentes regiones de Europa y pasa el invierno en África subsahariana. Esto significa que cada año debe realizar un viaje extraordinario entre ambos continentes, y la Península Ibérica ocupa una posición privilegiada dentro de esa ruta migratoria.

Durante el paso otoñal podemos encontrar individuos que proceden de lugares situados mucho más al norte. Algunos llevan ya cientos o incluso miles de kilómetros recorridos cuando los descubrimos posados tranquilamente en una rama, pero todavía tienen por delante una buena parte del viaje.

Esta circunstancia explica por qué durante septiembre podemos observar papamoscas cerrojillos en lugares donde no los encontramos habitualmente durante el resto del año. Un parque urbano, una pequeña arboleda entre campos agrícolas, un bosque de ribera o incluso un jardín suficientemente arbolado pueden convertirse durante unos días en una estación de servicio para estas aves migratorias. Y precisamente ahí está buena parte de la magia de la migración: nunca sabemos exactamente quién puede haber llegado durante la noche.

Cómo reconocer al papamoscas cerrojillo en otoño

Si buscamos fotografías de un papamoscas cerrojillo probablemente nos aparezcan imágenes de machos durante la época reproductora, con un precioso plumaje contrastado en blanco y negro. Sin embargo, el pájaro que encontremos en septiembre puede tener un aspecto bastante diferente. Fuera del periodo reproductor predominan mucho más los tonos pardos y grisáceos, y además durante la migración encontramos numerosos jóvenes nacidos ese mismo año. Por eso conviene no esperar necesariamente aquel pequeño pájaro blanco y negro que aparece en las guías.

Una de las características que más puede ayudarnos son las marcas blancas de las alas, bastante visibles incluso cuando el resto del plumaje presenta colores discretos. Su tamaño reducido, su aspecto compacto y su pico fino también nos proporcionarán pistas, aunque probablemente haya otra característica todavía más útil para descubrirlo: su manera de cazar.

papamoscas cerrojillo
Papamoscas cerrojillo

Si ves un pájaro que sale de una rama y vuelve, obsérvalo bien

El nombre de papamoscas no podría ser mucho más descriptivo. Esta especie se alimenta en buena medida capturando insectos y utiliza con frecuencia ramas despejadas como puntos desde los que vigilar lo que ocurre a su alrededor. Podemos encontrarlo tranquilamente posado y, de repente, verlo lanzarse al suelo para capturar un pequeño insecto. Después de una breve maniobra suele regresar a la misma rama o a otra situada muy cerca, desde donde vuelve a esperar una nueva oportunidad.

Este comportamiento puede repetirse una y otra vez y resulta tremendamente útil para localizarlo. En lugar de intentar detectar directamente un pequeño pájaro pardo entre cientos de hojas, podemos prestar atención a esos vuelos cortos que salen de la vegetación y regresan inmediatamente. Una vez localizado, tendremos tiempo para observar con los prismáticos sus características y tratar de confirmar la identificación.

Papamoscas cerrojillo o papamoscas gris

Durante la migración también podemos encontrarnos con otro especialista en capturar insectos desde una percha: el papamoscas gris (Muscicapa striata). Al principio ambas especies pueden generarnos alguna duda porque comparten tamaño, hábitat y parte de su comportamiento.

El papamoscas gris presenta generalmente una apariencia más grisácea y uniforme, con un característico estriado visible en la cabeza y el pecho, mientras que el papamoscas cerrojillo suele mostrar unas marcas blancas en las alas mucho más evidentes. La estructura y algunos detalles del plumaje también ayudan, pero no hace falta intentar memorizar una lista interminable de diferencias antes de salir al campo.

Después de observar varios ejemplares empezaremos a reconocerlos con mucha más facilidad. Como ocurre tantas veces con las aves, aprender a identificar una especie consiste tanto en conocer sus marcas como en acostumbrarnos a su aspecto general y a su forma de comportarse.

papamoscas gris
Papamoscas gris

¿Por qué vemos tantos durante estas semanas?

El papamoscas cerrojillo realiza una migración de larga distancia. Después de terminar la reproducción en Europa, tanto los adultos como los jóvenes nacidos durante el año comienzan a desplazarse hacia sus áreas de invernada africanas, pero evidentemente un viaje de estas características necesita numerosas paradas. Durante esas escalas migratorias las aves deben alimentarse intensamente para recuperar las reservas energéticas consumidas durante las etapas anteriores y prepararse para las siguientes. Por eso determinados lugares pueden concentrar temporalmente varios ejemplares.

Podemos visitar un parque y encontrar tres o cuatro papamoscas cerrojillos repartidos entre los árboles, regresar una semana más tarde y no encontrar ninguno. Aquellos individuos probablemente habrán continuado hacia el sur, mientras otros migradores estarán atravesando en ese momento diferentes puntos de la península. La migración no es una fotografía fija, sino un enorme flujo de aves que cambia constantemente.

No hace falta ir muy lejos para disfrutar de la migración

Uno de los aspectos más interesantes de estas semanas es que no necesitamos desplazarnos necesariamente hasta un gran espacio natural. Los migradores necesitan lugares donde descansar y alimentarse durante su viaje y pueden aprovechar zonas verdes relativamente pequeñas si encuentran en ellas suficientes recursos.

Los parques urbanos con árboles maduros pueden ser sorprendentemente buenos. También merece la pena explorar bosques de ribera, pequeñas arboledas, márgenes forestales, zonas con vegetación próximas a cursos de agua y espacios periurbanos donde se combinen árboles, arbustos y áreas abiertas.

El papamoscas cerrojillo suele agradecer especialmente aquellos lugares donde dispone de ramas desde las que observar y una buena cantidad de insectos que capturar. Esto hace que, además, pueda resultar relativamente agradecido para el observador: muchas veces no permanece escondido constantemente entre la vegetación, sino que utiliza perchas bastante visibles.

Septiembre puede cambiar por completo un lugar que conocemos de memoria

Quizá llevemos todo el año paseando por el mismo parque y pensemos que ya conocemos perfectamente sus aves. Sabemos dónde están los mirlos, escuchamos habitualmente a los carboneros y conocemos el rincón donde suelen aparecer los petirrojos. Durante la migración, sin embargo, todo puede cambiar de un día para otro.

Una noche favorable puede traer nuevos pájaros que simplemente están haciendo una parada en su viaje. A la mañana siguiente podemos encontrar especies que no estaban allí el día anterior y que posiblemente tampoco estarán unos días después.

Además del papamoscas cerrojillo, durante el paso otoñal podemos encontrar diferentes currucas, mosquiteros, colirrojos reales y otros pequeños migradores. Dependiendo del lugar y del momento, la variedad puede ser considerable. Esto convierte septiembre en un mes magnífico para volver a visitar espacios que aparentemente conocemos perfectamente.

Las primeras horas de la mañana suelen ser una buena elección

Salir temprano tiene varias ventajas. Las temperaturas son más agradables, existe una elevada actividad de insectos y muchas aves empiezan rápidamente a alimentarse después de la noche. Además, numerosos pequeños migradores realizan buena parte de sus desplazamientos durante las horas nocturnas. Cuando llega el amanecer buscan lugares adecuados donde detenerse, descansar y encontrar alimento, de modo que las primeras horas del día pueden permitirnos descubrir recién llegados.

No significa que después desaparezcan y no podamos observarlos durante el resto de la jornada, pero una mañana tranquila de septiembre puede resultar especialmente entretenida.

El tiempo también forma parte de la migración

Las aves no viajan completamente ajenas a las condiciones meteorológicas. El viento, la lluvia y otros factores influyen en cuándo pueden avanzar y cuándo resulta preferible detenerse. Por eso la intensidad de la migración cambia de unos días a otros. Determinadas condiciones pueden favorecer grandes movimientos nocturnos, mientras que un empeoramiento del tiempo puede provocar que muchos individuos hagan escala y permanezcan temporalmente concentrados en lugares adecuados.

Para quienes observamos aves, esta imprevisibilidad forma parte del atractivo. Podemos recorrer exactamente el mismo itinerario dos mañanas consecutivas y obtener resultados completamente distintos.

Un pájaro diminuto realizando un viaje enorme

Quizá disfrutemos todavía más de la observación si pensamos por un momento en lo que tenemos delante. El papamoscas cerrojillo es un pájaro diminuto, de apenas unos pocos gramos, y sin embargo realiza cada año un viaje de miles de kilómetros entre Europa y África. Algunos de los individuos que vemos durante septiembre son jóvenes nacidos apenas unos meses antes y ya están emprendiendo su primera gran migración.

No necesitan que nadie les enseñe el camino. Su comportamiento migratorio tiene una importante base innata, aunque la experiencia también influirá en cómo afronten sus futuros viajes. Durante el trayecto deberán encontrar alimento y lugares donde descansar, superar condiciones meteorológicas adversas y atravesar enormes barreras geográficas. Los que sobrevivan al invierno volverán a emprender el camino hacia el norte cuando llegue nuevamente la primavera.

Pensar en todo esto transforma completamente la imagen de aquel pequeño pájaro pardo que tenemos delante.

Observar sin interferir en su viaje

Precisamente porque las aves migratorias necesitan aprovechar sus escalas para recuperar energía, debemos intentar observarlas sin provocar molestias innecesarias. Con unos prismáticos podemos disfrutar perfectamente del papamoscas mientras caza. Si llevamos cámara, un teleobjetivo nos permitirá fotografiarlo manteniendo una distancia prudente.

La regla es bastante sencilla: si el pájaro cambia repetidamente de posición porque nosotros seguimos acercándonos, probablemente hemos llegado demasiado cerca. Durante una parada migratoria cada oportunidad de alimentarse cuenta, así que lo mejor que podemos hacer es permitir que continúe con su rutina mientras nosotros observamos desde cierta distancia.

Ahora es el momento de salir con los prismáticos

Finales del verano y el comienzo del otoño constituyen uno de los periodos más dinámicos del año para las aves. Algunas especies ya han comenzado su viaje en agosto, muchas atraviesan la península durante septiembre y otras continuarán haciéndolo a lo largo de octubre. Por eso no necesitamos esperar a una fecha concreta ni organizar una gran excursión. Os recomiendo hacer lo mismo que yo: id visitando cuando podáis esos rincones típicos por donde os gusta pajarear a menudo, ya sean parques urbanos cercanos, pequeños bosquecillos, o algunas zonas con estanques y carrizo. Cada día será completamente distinto al anterior.

Quizá encontremos un papamoscas cerrojillo posado en una rama, aparentemente tranquilo, realizando de vez en cuando un pequeño vuelo para capturar un insecto. Probablemente no permanecerá allí demasiado tiempo. Dentro de unos días continuará hacia el sur y aquel pequeño rincón que visitamos habitualmente habrá sido simplemente una parada más en un viaje que conecta Europa con África.

Esa es precisamente una de las cosas más fascinantes de observar aves durante la migración: durante unas semanas, incluso el parque que tenemos al lado de casa puede formar parte de una ruta que atraviesa continentes. Cada día es una nueva aventura.

Scroll al inicio