10 regalos que nunca deberías hacer por Navidad

Hay regalos que emocionan, hay regalos que sorprenden, y luego están esos regalos que consiguen que toda la familia guarde silencio durante tres segundos mientras alguien intenta encontrar una forma educada de decir: “Ah… qué bien.”

La Navidad es una época preciosa, pero también un campo de minas. Así que, si quieres conservar amistades, parejas y cierto prestigio familiar, aquí van diez regalos que conviene evitar.

regalos que nunca deberías hacer por Navidad

1. Una báscula de baño

Empezamos fuerte. No importa lo moderna que sea, no importa que tenga Bluetooth, mida veinte parámetros y sincronice datos con una aplicación. Si alguien no te ha pedido específicamente una báscula, no se la regales. Nunca.

Es difícil imaginar una forma más eficiente de convertir una mañana navideña en una auditoría corporal no solicitada.

Ideal para regalar: a nadie.

2. Un electrodoméstico para que “trabaje mejor”

Una plancha, una aspiradora, una fregona eléctrica o una batidora pueden ser regalos estupendos… Si la persona los ha pedido.

El problema empieza cuando regalamos una aspiradora con esa mirada de: “Esto te irá muy bien.” ¿Muy bien para qué? ¿Para limpiar más? La Navidad no debería parecer una ampliación de la lista de tareas domésticas.

3. Ropa dos tallas más pequeña

Hay quien compra ropa pensando: “Seguro que le sirve.”

Y hay quien compra ropa dos tallas por debajo pensando: “Así tiene una motivación.” Esa persona necesita ayuda, no una bolsa de regalo. Si no conoces perfectamente la talla, busca algo que no obligue al destinatario a encerrarse en un probador después de Reyes.

4. Un libro de autoayuda sospechosamente específico

“Cómo dejar de procrastinar.”
“Aprende a controlar tu carácter.”
“Cómo mejorar tus relaciones.”
“Ordena tu vida en 30 días.”

Todo puede ser un libro fantástico, pero como regalo navideño puede parecer menos una recomendación y más una intervención familiar. Especialmente si va acompañado de: “Lo vi y pensé inmediatamente en ti.” No digas eso.

5. Un regalo para la casa que en realidad quieres tú

“Cariño, te he comprado una nueva televisión de 75 pulgadas.” Qué romántico, especialmente cuando la persona que recibe el regalo no ve nunca la televisión y tú llevas seis meses mirando modelos.

También entran en esta categoría barbacoas, consolas, cafeteras profesionales, altavoces gigantes y cualquier objeto cuyo principal usuario vaya a ser curiosamente quien lo compra.

6. Una mascota sorpresa

Un cachorro debajo del árbol queda precioso en las películas. En la vida real implica años de responsabilidad, gastos veterinarios, alimentación, educación, vacaciones y cambios importantes en la rutina. Una mascota no debería ser nunca un impulso navideño ni una sorpresa sin haberlo hablado previamente.

Un peluche con forma de perro, en cambio, tiene unas necesidades veterinarias sorprendentemente bajas.

7. Un producto antiedad que nadie ha pedido

“Te he comprado esta crema antiarrugas intensiva.” Perfecto, ahora solo queda sobrevivir al resto de la comida familiar.

Lo mismo sirve para tratamientos contra la caída del cabello, productos reductores, blanqueadores dentales o cualquier cosa que pueda interpretarse como: “He detectado un problema en ti y aquí tienes la solución.” Para Navidad queremos cariño, no un diagnóstico cosmético.

8. El mismo regalo que el año pasado

Hay regalos clásicos, y luego está comprar exactamente el mismo perfume por tercer año consecutivo porque una vez alguien dijo que olía bien. También tenemos la variante: “Siempre te compro calcetines porque los utilizas.”

Sí, también utiliza papel higiénico, no significa que debamos envolverlo.

9. Algo que requiere gastar mucho dinero después

Una cafetera que solo funciona con cápsulas carísimas. Una cámara instantánea sin película, una consola sin juegos, un dispositivo que necesita una suscripción mensual, un gadget que requiere siete accesorios adicionales para funcionar. El regalo empieza a perder encanto cuando al abrirlo alguien descubre que ha recibido una nueva cuota mensual.

Si necesita complementos imprescindibles, inclúyelos. La Navidad no debería venir con letra pequeña.

10. Dinero dentro de un sobre… después de presumir durante semanas del regalo

Dar dinero puede ser perfectamente válido, lo que resulta peligroso es pasarte todo diciembre diciendo: “Este año te he comprado algo increíble.” “Ya verás.” “No te lo vas a creer.”

Y entonces entregar un sobre con 30 euros. El problema no son los 30 euros, el problema es que acabas de montar una campaña de marketing para tres billetes de diez.

Entonces, ¿qué regalamos?

La regla es bastante sencilla.

No regales mensajes ocultos, no regales obligaciones, no regales algo que realmente quieras tú, y, sobre todo, no conviertas la Navidad en una evaluación de peso, edad, limpieza, productividad o hábitos personales.

Un buen regalo no tiene por qué ser caro ni espectacular, solo tiene que transmitir algo parecido a: “Te conozco y pensé que esto podría gustarte.”

Y no: “He estado observando tus defectos durante todo el año y he preparado un plan de mejora.”

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