Gigantescas naves espaciales aparecen sobre las principales ciudades del mundo. De ellas descienden unos extraterrestres de aspecto completamente humano, educados, atractivos y sonrientes, que aseguran venir en son de paz y querer compartir su avanzada tecnología con nosotros. Naturalmente, algo no va bien.
V fue una de las grandes sensaciones televisivas de los años 80 y consiguió convertir unas enormes naves, unos uniformes rojos y una simple letra pintada en una pared en símbolos reconocibles para toda una generación.
Aunque si existe una imagen imposible de olvidar es probablemente Diana abriendo la boca para tragarse un ratón entero. Después de aquello, quedaba bastante claro que los Visitantes no habían venido simplemente a hacer turismo.

Los Visitantes llegan a la Tierra
La historia comienza cuando enormes naves extraterrestres aparecen simultáneamente sobre diferentes ciudades. Sus ocupantes, conocidos como los Visitantes, parecen humanos y explican que necesitan determinados recursos de nuestro planeta para solucionar los problemas ambientales del suyo. A cambio ofrecen compartir sus conocimientos científicos y tecnológicos.
El periodista Mike Donovan empieza a investigar y descubre que aquella apariencia humana es falsa. Debajo de su piel artificial, los Visitantes son criaturas reptilianas y sus verdaderas intenciones tienen muy poco que ver con la cooperación entre planetas. Quieren los recursos de la Tierra, especialmente el agua. Y también tienen planes bastante desagradables para los propios seres humanos.
Una invasión que empieza con una sonrisa
Esta era una de las grandes ideas de V. Los extraterrestres no llegan destruyendo ciudades. Llegan sonriendo ante las cámaras, hablando de amistad y ofreciendo avances tecnológicos.
Poco a poco empiezan a controlar la información, desacreditan a determinados sectores de la sociedad, señalan enemigos internos y consiguen que parte de la población humana colabore voluntariamente con ellos. Cuando muchos comprenden lo que está ocurriendo, los Visitantes ya han adquirido un enorme poder, y ahí estaba la verdadera historia que Kenneth Johnson quería contar.
V era mucho más que una serie de extraterrestres
El creador de V se inspiró en el ascenso de los movimientos fascistas y en cómo una sociedad aparentemente democrática podía aceptar progresivamente un régimen autoritario. De hecho, el proyecto inicial ni siquiera incluía extraterrestres. La idea era contar una historia sobre un movimiento fascista que alcanzaba el poder en Estados Unidos, pero el concepto terminó transformándose en una invasión alienígena. Los paralelismos continuaron siendo evidentes.
Los Visitantes utilizan propaganda, controlan medios de comunicación, persiguen a científicos y crean organizaciones juveniles, mientras determinadas personas colaboran con ellos y otras forman movimientos clandestinos de resistencia. La ciencia ficción permitía explicar una historia política sin abandonar la aventura.
Mike Donovan y Julie Parrish
Mike Donovan, interpretado por Marc Singer, es uno de los primeros en descubrir la verdad. Empieza como periodista y termina convirtiéndose en una figura fundamental de la lucha contra los invasores. Julie Parrish, interpretada por Faye Grant, representa otro tipo de heroísmo. Es una joven estudiante de medicina que acaba participando activamente en la Resistencia y demuestra que aquella lucha no depende únicamente de soldados o aventureros.
La Resistencia estaba formada precisamente por personas normales que decidían enfrentarse a una ocupación que buena parte de la sociedad todavía no comprendía.
Su símbolo era una V. Victoria. Una referencia deliberada a los movimientos de resistencia europeos durante la Segunda Guerra Mundial.
Diana: una villana inolvidable
Entre todos los personajes, probablemente ninguno quedó tan asociado a V como Diana. Interpretada por Jane Badler, era inteligente, ambiciosa, cruel y manipuladora. Mientras otros Visitantes intentaban mantener una imagen diplomática, Diana mostraba mucho más claramente lo que había detrás de aquella invasión.
También protagonizó la escena que traumatizó convenientemente a una generación. El ratón. Diana agarra un pequeño roedor, abre la boca de una manera imposible y se lo traga entero. Hoy los efectos pueden parecernos modestos. En los años 80 aquello fue otra historia.
No todos los Visitantes eran enemigos
V evitó que el conflicto fuera simplemente humanos buenos contra extraterrestres malos. Dentro de los propios Visitantes existía la Quinta Columna, un movimiento contrario a la invasión que colaboraba secretamente con los humanos.
Martin fue uno de sus miembros más importantes, mientras Willie, interpretado por Robert Englund, terminó convirtiéndose en uno de los Visitantes más queridos. Y sí, hablamos del mismo Robert Englund que poco después se convertiría en Freddy Krueger.
Verlo como el tímido y amable Willie antes de Pesadilla en Elm Street resulta actualmente una de las curiosidades más divertidas de la serie.

La miniserie que comenzó el fenómeno
V comenzó en 1983 como una miniserie de dos partes creada por Kenneth Johnson.
Aquella primera historia presentaba la llegada de los Visitantes, el descubrimiento de su verdadera naturaleza y el nacimiento de la Resistencia. Su combinación de ciencia ficción, aventura y metáfora política consiguió un enorme éxito. Naturalmente, la televisión quiso más.
En 1984 llegó V: The Final Battle, una segunda miniserie que ampliaba considerablemente el conflicto y aumentaba la espectacularidad. También llegaron algunas de las imágenes más extrañas de toda la franquicia.
Robin y la niña de las estrellas
Robin Maxwell queda embarazada de Brian, uno de los Visitantes, dando lugar a un embarazo híbrido. Cuando llega el parto nacen dos criaturas: una aparentemente humana y otra claramente reptiliana. Por si el ratón no hubiera sido suficiente.
La hija humana, Elizabeth, comienza además a crecer de manera extraordinariamente rápida y desarrolla capacidades especiales, convirtiéndose en un elemento fundamental de la historia.
A partir de ese momento V empezó a alejarse parcialmente del tono político de la primera miniserie y a incorporar elementos cada vez más fantásticos.
La serie semanal
El éxito llevó en 1984 a V: The Series. Regresaron Diana, Donovan, la Resistencia y numerosos personajes conocidos, pero el tono cambió. Había más acción, más intrigas entre los Visitantes y elementos cercanos incluso a una especie de telenovela espacial.
Especialmente memorable fue la rivalidad entre Diana y Lydia, interpretada por June Chadwick, que competían constantemente por poder e influencia. El problema era que mantener semanalmente una invasión extraterrestre a escala mundial resultaba caro. Las audiencias empezaron a descender y NBC canceló la serie después de una temporada de 19 episodios. Además, la historia quedó abierta, algo que los seguidores no agradecieron especialmente.
Las naves y los uniformes rojos
V tenía una identidad visual extraordinariamente potente. Las enormes naves nodriza suspendidas sobre las ciudades transmitían amenaza sin necesidad de disparar una sola vez. Simplemente estaban allí, dominándolo todo desde el cielo.
Los uniformes rojos conseguían que los Visitantes fueran inmediatamente reconocibles, mientras la piel humana arrancándose para revelar las escamas se convirtió en otra de las imágenes características de la franquicia. Y después estaba la V roja pintada en las paredes.
Tres elementos muy sencillos que permitían identificar la serie instantáneamente.
El regreso de V
En 2009 ABC recuperó la franquicia con una nueva versión. La premisa seguía siendo reconocible: enormes naves aparecían sobre las ciudades y unos Visitantes aparentemente amistosos aseguraban venir en paz. Naturalmente, tampoco esta vez decían toda la verdad.
Morena Baccarin interpretaba a Anna, la líder de los nuevos Visitantes, y la serie actualizaba la historia utilizando efectos visuales mucho más modernos. Jane Badler y Marc Singer llegaron además a aparecer en esta nueva etapa.
La producción duró dos temporadas antes de ser cancelada. Y nuevamente dejó historias pendientes. Parece que terminar V correctamente es casi más complicado que derrotar a los Visitantes.
Algunas curiosidades de V
Kenneth Johnson concibió originalmente la historia sin extraterrestres y utilizó la ciencia ficción para desarrollar una metáfora sobre el fascismo y los regímenes autoritarios. La V de la Resistencia significaba “Victoria” y estaba inspirada deliberadamente en símbolos utilizados durante la Segunda Guerra Mundial.
Robert Englund interpretó a Willie poco antes de convertirse en Freddy Krueger, mientras Jane Badler quedó tan asociada a Diana que regresó décadas después a la versión de 2009.
La serie también consiguió que acciones tan sencillas como arrancar un trozo de piel falsa o ver a alguien comer un pequeño animal provocaran bastante inquietud entre los espectadores. Especialmente lo segundo.
¿Ha envejecido bien V?
Visualmente, resulta imposible olvidar que estamos ante una producción de principios de los años 80. Algunas máscaras, decorados y efectos especiales han envejecido considerablemente. Pero la primera miniserie conserva buena parte de su fuerza.
La propaganda, la manipulación informativa, la creación de enemigos internos, el miedo y la facilidad con la que una parte de la población acepta colaborar con quienes prometen seguridad y prosperidad continúan siendo temas perfectamente comprensibles. Y quizá ahí está la razón por la que V sigue siendo mucho más interesante que una simple historia de lagartos extraterrestres.
Una serie imposible de olvidar
Podemos haber olvidado algunos argumentos, confundir personajes de sus diferentes etapas o no recordar exactamente cómo terminaban determinadas historias. Pero las imágenes siguen ahí.
Las gigantescas naves sobre las ciudades, los uniformes rojos, la letra V pintada en una pared, las escamas apareciendo debajo de una piel humana, Diana mirando a cámara. Y naturalmente, aquel pobre ratón.
Los Visitantes llegaron asegurando que venían en paz. Durante un rato incluso parecían bastante simpáticos, hasta que descubrimos qué había debajo de la piel. Y qué tenían pensado cenar.

