Hoy resulta difícil imaginar Disney sin Pixar. Personajes como Woody, Buzz Lightyear, Rayo McQueen, Nemo o Mike Wazowski forman parte del universo Disney desde hace años, pero hubo un tiempo en el que ambas compañías eran independientes e incluso llegaron a enfrentarse por el futuro de algunas de sus películas.
La compra de Pixar por parte de Disney, anunciada en 2006, fue una de las operaciones más importantes de la historia del entretenimiento. No solo cambió el rumbo de ambas empresas, sino que también dio origen a una nueva etapa dorada para la animación.

Cuando Pixar era una pequeña empresa
La historia comienza mucho antes de Toy Story.
Pixar nació como una división informática de Lucasfilm, la empresa fundada por George Lucas. Su objetivo inicial no era hacer películas, sino desarrollar tecnología de imagen por ordenador.
En 1986, Steve Jobs, recién salido de Apple, compró esa división por unos 10 millones de dólares y la convirtió en una empresa independiente: Pixar Animation Studios.
Durante años, Pixar sobrevivió gracias a la venta de ordenadores y software de animación, mientras producía pequeños cortometrajes que empezaban a llamar la atención por su calidad.
Uno de ellos, Luxo Jr., protagonizado por la famosa lámpara que hoy es el logotipo de Pixar, fue nominado al Óscar y demostró que la animación por ordenador tenía un enorme potencial.
El acuerdo con Disney
A principios de los años noventa, Disney buscaba nuevas formas de innovar en la animación. La compañía llegó a un acuerdo con Pixar para producir tres largometrajes. Disney aportaría la financiación, la distribución y el marketing. Pixar pondría la creatividad y la tecnología.
Ninguna de las dos empresas imaginaba el éxito que estaba a punto de llegar.
Toy Story cambió las reglas del juego
En 1995 se estrenó Toy Story. Fue la primera película de la historia realizada íntegramente mediante animación por ordenador. La crítica quedó fascinada. El público también.
La película recaudó más de 390 millones de dólares en todo el mundo y convirtió a Pixar en uno de los estudios más admirados de Hollywood.
A partir de ese momento llegaron otros éxitos como Bichos, Toy Story 2, Monsters, Inc. y Buscando a Nemo.
Pixar parecía incapaz de hacer una mala película.

La relación empezó a deteriorarse
Aunque desde fuera parecía una alianza perfecta, las relaciones entre ambas compañías comenzaron a complicarse. Pixar consideraba que Disney obtenía demasiados beneficios gracias a sus películas y personajes.
Disney, por su parte, pensaba que era imprescindible mantener el control sobre una de las franquicias más exitosas del momento.
Las negociaciones para renovar el contrato fueron tensas. Durante un tiempo incluso pareció posible que Pixar abandonara definitivamente Disney para buscar otro distribuidor.
Bob Iger cambió la situación
En 2005, Bob Iger fue nombrado director ejecutivo de Disney. Poco después observó algo que le hizo reflexionar.
Durante un desfile en uno de los parques Disney, comprobó que muchos de los personajes más populares pertenecían precisamente a Pixar.
Aquello le hizo comprender que la creatividad del estudio era fundamental para el futuro de la compañía.
En lugar de limitarse a renovar el contrato, decidió dar un paso mucho más ambicioso. Comprar Pixar.
La compra más importante de Disney en muchos años
En enero de 2006 Disney anunció oficialmente la adquisición de Pixar. La operación estaba valorada en aproximadamente 7.400 millones de dólares mediante un intercambio de acciones.
Steve Jobs se convirtió automáticamente en el mayor accionista individual de Disney y pasó a formar parte de su consejo de administración.
Fue una de las operaciones empresariales más importantes de toda la industria del entretenimiento.

John Lasseter pasó a dirigir la animación de Disney
La compra no solo supuso incorporar las películas de Pixar. También permitió que John Lasseter, uno de los grandes responsables de Toy Story, asumiera la dirección creativa tanto de Pixar como de Walt Disney Animation Studios.
Aquello resultó decisivo. Durante los años siguientes llegaron películas tan exitosas como Enredados, Rompe Ralph, Frozen, Zootrópolis o Vaiana.
Muchos expertos consideran que la creatividad de Pixar ayudó a revitalizar toda la animación de Disney.
Pixar mantuvo su independencia
Una de las decisiones más inteligentes de Disney fue no absorber completamente el estudio.
Pixar continuó trabajando desde sus instalaciones en Emeryville (California), manteniendo gran parte de su cultura empresarial, su filosofía creativa y sus equipos de trabajo.
Eso permitió que el estudio siguiera desarrollando películas con la personalidad que siempre lo había caracterizado.
Una compra que benefició a las dos empresas
Desde la adquisición, Pixar ha seguido estrenando grandes éxitos como Up, Del Revés (Inside Out), Coco, Soul, Luca, Red o Del Revés 2.
Al mismo tiempo, Disney ha podido integrar todos esos personajes en sus parques temáticos, productos de merchandising, videojuegos y plataformas de streaming.
La colaboración ha resultado enormemente beneficiosa para ambas compañías.
¿Fue una buena compra?
Vista con la perspectiva del tiempo, resulta difícil imaginar una operación más acertada.
Disney incorporó uno de los estudios de animación más prestigiosos del mundo, mientras que Pixar obtuvo la estabilidad económica y la infraestructura necesarias para seguir creando historias capaces de emocionar a millones de personas.
Más de veinte años después, Woody, Buzz Lightyear, Nemo, Rayo McQueen, Mike Wazowski o Alegría siguen formando parte del imaginario colectivo de varias generaciones.
Y todo comenzó con una decisión empresarial que, en su momento, parecía arriesgada, pero que terminó cambiando para siempre la historia del cine de animación.
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