La hucha de Hamm que hará que ahorrar deje de parecer un castigo

Hay dos tipos de huchas. Las aburridas, y luego está Hamm.

Sí, el simpático cerdito de Toy Story que llevaba años demostrando que guardar monedas podía ser mucho más divertido que dejarlas olvidadas en el bolsillo del pantalón. Y ahora puede hacer exactamente lo mismo… encima de tu estantería.

hucha de hamm cerdo de toy story

Es imposible no sonreír al verla

Admítelo. Has visto la foto y lo primero que has pensado ha sido: «Es Hamm.»

Ni siquiera hace falta que ponga su nombre. Su enorme hocico, su sonrisa y esa forma redonda hacen que cualquiera que haya visto Toy Story lo reconozca al instante. Es uno de esos objetos que decoran una habitación incluso cuando están completamente vacíos.

Ahorrar nunca había tenido tanto sentido

Lo curioso es que Hamm siempre fue una hucha. Así que, por una vez, el merchandising no intenta convertir un personaje en algo que no era. Simplemente…sigue haciendo exactamente el trabajo para el que nació.

Guardar monedas. No hay nada más apropiado.
El problema empieza cuando quieres sacar el dinero Porque entonces aparece el gran dilema.

¿Rompes la hucha? No.
Por suerte no hace falta. Pero durante unos segundos tu cerebro recuerda aquellas huchas de cerámica de la infancia que solo podían abrirse con un martillo. Y te entra un pequeño escalofrío.

Queda bien en cualquier sitio

  • En una estantería.
  • En un despacho.
  • En una habitación.
  • Al lado de los LEGO.
  • Entre los Funko Pop.
  • En el despacho de un bufete de abogados… bueno, ahí quizás queda algo raro

Porque, seamos sinceros… Hay objetos mucho más feos ocupando espacio en muchas casas.

El regalo perfecto para ese amigo que dice que ya es adulto Todos tenemos uno. Ese amigo que asegura que ya no compra cosas de dibujos. Y, casualmente, tiene media casa llena de figuras, videojuegos retro y cómics.

Regalarle a Hamm es poner a prueba su fuerza de voluntad.

Spoiler: No la tiene.

Además… cumple una misión importante

Muchas veces las monedas terminan repartidas por toda la casa. En la mesita, en el coche, en la mochila, en un cajón.

Con Hamm, al menos, todas acaban en el mismo sitio. Y eso ya es un pequeño triunfo para la organización doméstica.

Lo mejor es cuando alguien lo descubre

Tarde o temprano llega la visita de turno. Lo ve. Se acerca. Sonríe.

Y dice exactamente la misma frase: «¡Pero si es Hamm!»

Es prácticamente imposible evitarlo.

Hay huchas que simplemente guardan monedas. Y luego está Hamm.
Que guarda monedas, recuerdos y una buena dosis de nostalgia cada vez que lo miras.

Puede que no te haga rico. Pero hará mucho más divertida la misión de llenar poco a poco ese simpático cerdito rosa que lleva acompañándonos desde hace casi treinta años.

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